La estrategia de Barack Obama en Afganistán queda huérfana tras la muerte de su enviado, Holbrooke
INTERNACIONAL
El hasta ahora enviado especial de EE.UU. en Afganistán se había ganado, quizá por primera vez en toda su carrera, un amplio respaldo a sus gestiones de pacificación en el país centroasiático
15 dic 2010 . Actualizado a las 02:10 h.Un coro de voces dentro y fuera de Estados Unidos lamentaban ayer la desaparición de Richard Holbrooke, un diplomático irrepetible cuyo protagonismo ha sido esencial en el devenir de algunos de los retos más importantes de su política exterior durante casi 50 años, como lo demostró como arquitecto del Acuerdo de Dayton en 1995 que puso fin a la guerra en Bosnia.
Acostumbrado a los encargos difíciles, el hasta ahora enviado especial de EE.?UU. en Afganistán se había ganado, quizá por primera vez en toda su carrera, un amplio respaldo a sus gestiones de pacificación en el país centroasiático. «Tenemos que acabar esta guerra en Afganistán», alcanzó a decir al médico que lo operó del desgarro de aorta del que nunca se recuperó.
Más allá del reconocimiento de los Gobiernos afganos y paquistaní a sus trabajos de mediación -Hamid Karzai no lo adoraba, pero emitió una nota valorando su trabajo-, a quien más duele la pérdida es a la Administración Obama. Tras una reunión de urgencia con su asesores, el presidente admitió ayer que su ausencia deja un vacío muy difícil de cubrir justo cuando la estrategia militar comenzaba a dar ciertos frutos.
Por primera vez en muchos meses, según la Casa Blanca, la insurgencia talibana pierde fuelle gracias al esfuerzo combinado de las tropas estadounidenses y el Ejército afgano, que ha crecido en número de miembros y en su habilidad para frenar al enemigo. En este contexto, el papel del experimentado Holbrooke para avanzar en la consolidación del Gobierno de Kabul y en unas condiciones económicas más estables se consideraba decisivo.
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, que se encontraba reunida en Washington con el diplomático cuando este se sintió enfermo el viernes, se mostró muy abatida por su muerte. «Estados Unidos ha perdido a uno de sus defensores más acérrimos y a uno de sus servidores más dedicados». Elogios parecidos pronunció Obama en una comparecencia en el Departamento de Estado. «Figura única» y «gigante de la política exterior», dijo.