Berlín y París encuentran resistencia para modificar el Tratado de Lisboa
INTERNACIONAL
La cumbre de la UE acepta reformas parciales para establecer un mecanismo de rescate financiero permanente
29 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.«Nein, nein, nein». Tres veces «no». El adverbio de negación sonó ayer multiplicado por 25, el número de socios de la UE que han rechazado tocar ni una coma ni un punto del Tratado de Lisboa, como quería la canciller alemana. Incluso en el seno de la familia política de Merkel, la democristiana CDU, incluida en el Partido Popular Europeo (PPE), la canciller cosechó un sonoro «nein» a sus propuestas, solo apoyadas, detrás de la cortina, por Francia.
Ambos Gobiernos, el de Berlín y el de París, quedaron aislados ayer, primer día del Consejo Europeo de Bruselas, del resto de socios de la UE en sus propuestas institucionales más ambiciosas, relativas al endurecimiento de la disciplina fiscal en el bloque comunitario. La iniciativa germana que promovía modificar en profundidad el Tratado de Lisboa, que entró en vigor en diciembre pasado, para incluir un sistema de suspensión del derecho a voto de los miembros que incumplan reiteradamente el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), no encontró el respaldo unánime de los 27.
Entre quienes se opusieron estaba el presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, que calificó de inaceptable la propuesta franco-alemana. Si la sustancia de los cambios que se quieren hacer es reducir los derechos de voto de los Estados miembros, declaró, «no es realista». A su juicio, semejante reforma de las reglas del juego es «incompatible con la idea de cambios limitados del Tratado y no será nunca aceptada por unanimidad por los Estados miembros».
Red de salvamento
No obstante, la idea de crear una red de salvamento permanente del euro, para evitar nuevas crisis como la del endeudamiento de Grecia, también capitaneada por la canciller alemana, Angela Merkel, y secundada en una minicumbre celebrada la semana pasada en Deauville (Francia), por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, sí halló más respaldos. Con todo, el apoyo relativo que logró Merkel a la idea de crear un sistema permanente de protección del euro y de toda la UE, para blindarla ante nuevas crisis, solo podrá lograrse sin afectar a la estructura básica del texto aprobado en Lisboa.
Se permitirán retoques de «maquillaje jurídico» al Tratado, que el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, calificó de muy leves o light. Ello significa que no será necesario convocar una Convención ad hoc ni por ende reabrir la caja de Pandora de las reformas institucionales, tal como alertaba la vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding, extremo al que, entre otros socios, se oponía España.
Alemania y Francia quieren que el fondo temporal (a tres años) que los 27 socios aprobaron junto al FMI en mayo, por valor de 750.000 millones de euros (440.000 en lo que toca a la parte de Europa), se transformen en un mecanismo permanente, en un salvavidas siempre a disposición del socio comunitario que lo necesite. Ello, se asegura en Bruselas, mandaría un mensaje a los mercados internacionales sobre la estabilidad y solvencia de la UE.
Procesos en Bruselas
Según las reglas del PEC, los socios comunitarios deben mantener su déficit público por debajo del techo límite del 3% del PIB. Su deuda pública no debe sobrepasar el 60% del PIB. No obstante, casi nadie en la UE las ha cumplido. De 27 socios, al menos 20 tienen abiertos por Bruselas procesos por déficit excesivo.
La decisión final sobre qué obtienen Merkel y Sarkozy probablemente se conozca hoy, al término de la cumbre. Algunos analistas apuntan a que el eje franco-alemán solo logrará una victoria pírrica o muy limitada.