Sin duda, la muerte de Néstor Kirchner va a apurar la atomización del movimiento que él creó, el Frente para la Victoria, desde el Partido Justicialista (PJ, peronista).
El peronismo está dividido entre el gubernamental Frente para la Victoria y el Federal, y pronto comenzarán las tensiones y enfrentamientos para quedarse con el legado del ex presidente difunto.
Muchos intentarán mostrar a su esposa, la presidenta Cristina Fernández, como su auténtica heredera. Pero Néstor Kirchner no fue un profesor para Cristina Fernández, no la preparó para que recibiera su herencia, sino para que fuera como una custodia de su capital político mientras él seguía marcando el rumbo y construyendo más poder.
En la línea natural, quien debería asumir la presidencia del PJ sería su vicepresidente, Daniel Scioli, actual gobernador de la provincia de Buenos Aires y quien fue compañero de fórmula en el primer Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007).
Hasta la muerte del ex presidente, Scioli formaba parte del plan B de Kirchner, si las encuestas no le daban para ganar las elecciones en primera vuelta -en caso de segunda vuelta no podría vencer nunca el oficialismo-, él sería el candidato del kirchnerismo. A este sí le sonríen las encuestas.
Otro posible candidato a quedarse con el partido y con buena parte de la herencia del poder de Kirchner es Eduardo Duhalde, el ex presidente que permitió que Néstor llegara a la jefatura de Gobierno, pero del que acabó convertido en enemigo político. Duhalde cuenta con el apoyo de la vieja guardia peronista.
Duhalde conserva para sí buena parte del poder e influencia en los alcaldes del conurbano bonaerense, el cinturón que rodea Buenos Aires y que reúne la mayor densidad poblacional del país. Ganar las elecciones allí es fundamental.
También puede sumarse a la lista a Hugo Moyano, el secretario general de la Confederación General del Trabajo, a quien Kirchner le dio mucho poder y respaldó, aunque en las últimas semanas parecía haberle soltado la mano ante su exagerada demostración de fuerza.