Para mayor dolor de la actual presidenta argentina es altamente probable que la desaparición de su esposo, Néstor, suponga también el fin de la «era K» que ambos protagonizaron y que moldeó el destino del país los últimos siete años. Era un secreto a voces que, aunque Cristina se movía ante los focos, el que movía los hilos por detrás y mantenía cohesionado al peronismo en el poder era su marido. Tanto es así que, en el momento en que lo sorprendió la muerte, sopesaba presentarse de nuevo a las elecciones presidenciales del año próximo. Si no lo había anunciado no era por elegancia, para no desairarla, sino porque las encuestas que encargaba no auguraban una fácil victoria.
La muerte podría tener, por lo tanto, tres consecuencias inmediatas. Una sería privar de consistencia y dejar sin aliento la presidencia de Cristina Fernández. Sin la protección desde la retaguardia que le brindaba su principal valedor, puede verse abocada a una regencia transitoria, cuya duración ya no depende solo de ella.
En paralelo, se abrirá una carrera por la sucesión entre los personajes de segunda línea que prosperaron al lado de su marido. Será dura y, teniendo en cuenta los antecedentes, sucia. Con toda probabilidad, empujará al país a un período de interinidad que ya solo resolverán los argentinos en las urnas. Podría ser en el momento señalado, octubre del 2011, si los aspirantes a ocupar el vacío dejado por el jefe son lentos y no se ponen de acuerdo sobre la figura del heredero. En cambio no puede descartarse que, si alguno se adelanta y recaba pronto los apoyos que necesita, presione a la viuda para que acelere los tiempos y no disponga de más bazas la oposición.
Es dudoso, en cualquier caso, que el kirchnerismo sobreviva a su fundador. Así como hay un primer Kirchner apreciado por los argentinos, el que cogió el país en la peor de las bancarrotas económicas y lo reflotó contra viento y marea, el Kirchner de los últimos años había quedado tristemente disminuido por el uso de métodos procelosos y un afán de enriquecimiento personal que hizo revivir las peores tradiciones del peronismo.
No serán pocos los que al rezar el responso por su descanso alcen también una oración para que esta herencia sombría quede atrás y Argentina pase la página sin el lastre que supone.