Gallegos de Venezuela, pendientes de las urnas para decidir si regresan
INTERNACIONAL
Temen que Chávez profundice en el socialismo y los deje sin oportunidades si vence en las legislativas del día 26
19 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La plaza Candelaria es un coto «revolucionario» en una zona absolutamente opositora. En pleno centro de la capital venezolana, fue escenario de fuertes manifestaciones cuando el país bullía contra el presidente Hugo Chávez, y fue desalojada por grupos a favor del jefe de Estado usando incluso disparos. Hoy, siete años después, un toldo rojo invita a los vecinos de la zona, casi todos gallegos o descendientes de gallegos, a votar por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones legislativas del 26 de septiembre, pero los oficialistas reconocen que en ese sector de la ciudad su derrota es inminente. Quienes se sientan en sus alrededores, lo miran con recelo. El gallego es en este punto de Caracas el idioma oficial de los diálogos.
«Aquí en el grupo hay un chavista que se llama Constantino», indica desde los bancos de la plaza Manuel Iglesias, de 72 años y nacido en Monforte de Lemos, «pero es el único». El colectivo gallego en Venezuela, en su mayoría, percibe los comicios parlamentarios del próximo domingo (en los que se renovará totalmente la unicameral Asamblea Nacional, de 165 escaños) como una última oportunidad de reactivar la democracia en este país. Actualmente, la Asamblea está dominada por el PSUV debido a la retirada de la oposición en las elecciones del 2005.
«Si no se logra una buena representación, habrá que pensar qué se hace», señala Manuel.
Los resultados del domingo son «impredecibles», según el encuestador Luis León, de Datanálisis. Podrían ir desde una mínima representación opositora hasta una mayoría simple. A nivel nacional, se habla de un empate técnico entre la oposición y el chavismo, pero hay 87 distritos electorales en liza, recientemente modificados, en apariencia para favorecer al Gobierno.
Un difícil retorno
Por lo pronto, la visión de Manuel es compartida por gran parte de la comunidad gallega en Venezuela. Si no hay una Asamblea plural, el proyecto socialista de Hugo Chávez avanzará, como él mismo ha anunciado. En ese momento, la única alternativa para muchos será el retorno. Un regreso que la mayoría también intuye como cuesta arriba, y que tiene un marcado componente generacional. Los miembros más jóvenes de la colonia gallega están dispuestos a asumir el riesgo, y los mayores, no saben qué harán. A la situación venezolana se suma, como freno, la crisis económica que padece España, de la que los emigrantes son muy conscientes.
Sabrina Rodríguez es nieta de pontevedreses de Lérez, que llegaron a Venezuela en los ya lejanos años cincuenta. Ella, de 23 años, tiene nacionalidad española y está terminando los estudios universitarios. «Yo no había ido nunca a España, y fui el verano pasado. La verdad es que antes no quería irme, por mis amigos, mi novio y mi familia, pero ahora lo estoy pensando. Ahora trabajaría en cualquier cosa, hasta lavar platos, porque pienso que Chávez volverá a ganar y este país así no tiene futuro», señala.
Pero César Ferreiro, que es gerente de una gran empresa ferretera, no lo ve tan claro. Sus padres son coruñeses, él tiene 50 años y recientemente volvió por primera vez a Galicia, donde nació.
«Habría que tener dinero. Si uno tuviera un trabajo con el que llegar a final de mes con 200 euros en el bolsillo se podría intentar. Pero habría que vender las cosas que uno tiene aquí y eso no es fácil. El bolívar en estos momentos no vale nada. La verdad es que Chávez nos tiene rodeados», señala.
Tanto Iglesias como Maruja Castro, de 72 años y nacida en Tordoia, no están por irse. Ella tiene una hija que retornó y señala que «las cosas que se hacen aquí no se pueden hacer allá. Estoy segura de que tendremos [la oposición] la mitad más uno, y todo tomará su camino. Y si no, lo que queda es seguir luchando», manifiesta.