Tras año y medio en Tailandia, este ferrolano desmonta los tópicos acerca de los opositores, ya que la mayoría son campesinos pobres con sueldos muy bajos
25 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.A sus 34 años, el ferrolano Juan Medín Piñeiro lleva año y medio residiendo en Tailandia, desde donde escribe habitualmente en su blog www.destinotailandia.com. Llegó a este país tras recorrer Vietnam como mochilero: «Hace unos dos años y medio hice un viaje distinto: pillé un billete de avión de ida y otro de vuelta al cabo de un mes a Vietnam, con una mochila pequeña y en solitario. Sin hoteles, ni nada establecido, solo una guía de Lonely Planet. Volví enamorado del país». Tras recalar en otros puntos del planeta, llegó a Tailandia, país que «tiene mucho de lo que tiene Vietnam, añadiendo Bangkok, una ciudad ultramoderna con todo los que puedes necesitar a un paso del paraíso».
Desde Bangkok trabaja como consultor en desarrollo de software, esto es, ejerce de programador e informático «para varios clientes en Europa, sobre todo en España y Gran Bretaña».
El correo electrónico posibilita esta entrevista con quien se considera un camisa roja: «En mi casa tengo la camisa, la bandera y el logo. Desde ese punto de vista, sí soy un camisa roja y, de hecho, estuve en las manifestaciones, pero no me quedé a dormir como sí hizo una amiga tailandesa». Lo que sí quiere dejar claro es que hay que desmontar algunos tópicos. Y es que, «aceptando que como cualquier grupo tienen elementos de todo tipo, son esencialmente campesinos pobres que proporcionan las manos que construyen Tailandia a precio absurdamente bajo en un país de élites increíblemente ricas. Es difícil no simpatizar con ellos una vez que conoces su mundo, caminas entre ellos, comienzas a ver su manera de enfocar la vida y, sobre todo, ves cómo funciona esta tai-democracia».
-¿Cuál es la situación actual?
-Bangkok ha vuelto a la vida normal: vendedores callejeros de nuevo por las calles, bares abiertos, ausencia de banderas rojas, mototaxis, turistas (en menor número a antes de la crisis, pero presentes por todos lados), los lugares en donde antes se reunían los camisas rojas ya despejados y limpiados (con los ciudadanos colaborando en ello). Y en todos los sitios esas encantadoras sonrisas de los tailandeses que hacen famoso al país. Es como si nunca hubiese pasado nada de nada. Sé que es difícil de entender, pero esto es Tailandia.
-¿Y bajo esta superficie?
-Por debajo de la superficie, las cosas están peor: el primer ministro, que antes no era bien visto en las provincias del norte y el noroeste, va a ser difícil que pueda visitarlas después de la masacre de la pasada semana. Los rojos que antes trataban de justificar cosas en Internet, actuando un poco de víctimas, pasan ahora a escribir mensajes agresivos que nada tienen que envidiar a los de las camisas amarillas. Fotos y más fotos de propaganda mostrando muertos y heridos en imágenes gore .
-¿Cómo se ha llegado a la violencia que se ha podido observar en los últimos días?
-Es muy, muy largo de explicar. Recomiendo un artículo de Carlos Sardina -publicado en la web http://elgranjuego.periodismohumano.com-. Es simplemente sensacional y con excelentes referencias. Es el mejor de cuantos he leído sobre la situación en el país.
-En todo caso, ¿lo que está ocurriendo es algo que se veía venir?
-Los enfrentamientos violentos, no, para nada. Creo que ha sorprendido a todo el mundo bastante. Las manifestaciones, la verdad es que sí.
-¿Y la imagen que tenemos los gallegos de lo que ha ocurrido dista de la que se tiene en el propio país o, por el contrario, se acerca a la realidad?
-Es diferente. Muy diferente. No hablas solo de un conflicto lejano, hablas de una ciudad gigantesca en un país cultural y socialmente totalmente distinto a los de Occidente.
-A pesar de lo convulso del país, se le ve contento.
-Estoy enamorado del país. Mucho más de Vietnam, pero es complicado trabajar desde allí. [En su blog deja claro esta idea, al señalar que «si no se ha visitado el sudeste asiático, y especialmente Vietnam y Tailandia, se está perdiendo la última ocasión de disfrutar ese mundo antes de que se convierta en otra gigantesca masa de hormigón y cristal»].