El Gobierno prolonga el toque de queda hasta el domingo por temor a un rebrote de la violencia
21 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El Ejército tailandés restableció ayer el orden tras una larga noche de saqueos e incendios en Bangkok, donde, al igual que en otras 23 provincias, permanecerá en vigor el toque de queda hasta el domingo.
Las tropas acabaron con los últimos focos de resistencia casi 24 horas después de que lanzaran el asalto al bastión de los camisas rojas situado en la capital. Después, desalojaron a unos mil manifestantes que se refugiaron en el monasterio budista de Pathum Waranan, donde fueron hallados seis cadáveres tiroteados durante las refriegas que soldados y rebeldes mantuvieron después de que sus cabecillas se rindieran.
En los pasillos del centro comercial Amarin Plaza, la policía encontró a cerca de 300 campesinos refugiados acampados entre escaparates de tiendas de moda, decoración y recuerdos, que permanecían intactos. Los refugiados explicaron que aguardaban a que su líder apareciera por el lugar para facilitarles un medio de transporte hasta el pueblo del que vinieron para unirse a la protesta.
Unos y otros fueron inspeccionados, fotografiados, y subidos con sus bártulos en vehículos, y trasladados a las estaciones de autobuses y ferrocarril, de las que partieron a regañadientes hacia sus aldeas de origen con un billete gratis, pero solo de ida. Las fuerzas de seguridad encontraron entre sus enseres navajas, cuchillas de afeitar, martillos y alguna que otra bala, indicó un portavoz policial.
Por el lugar en el que se atrincheraron los camisas rojas hasta que se produjo el asalto, los soldados patrullaban y miembros del Ejército y de la policía inspeccionaban los edificios adyacentes en busca de armas y explosivos. Según fuentes oficiales, fueron localizadas algunas armas de guerra y munición.
Barricadas
En las provincias del norte y del nordeste, de las que procedían la mayoría de los manifestantes, se produjeron durante la noche incidentes aislados, y en la turística ciudad de Chiang Mai la policía desmontó por la mañana las barricadas levantadas el día anterior sin encontrar resistencia. Según el Ejército, hay activos 13.000 partidarios del frente rojo «que esperarán el momento para fomentar disturbios y perpetrar acciones ilegales».
La violencia se extendió el miércoles rápidamente por esas dos regiones, plazas fuertes del movimiento de los camisas rojas que guía y financia el ex mandatario Thaksin Shinawatra. Los ayuntamientos de seis ciudades del norte y del nordeste fueron reducidos a escombros por manifestantes antigubernamentales. La versión que dan las autoridades es que «la violencia estuvo organizada».
El Gobierno anunció ayer que mantendrá en vigor hasta el domingo el toque de queda declarado en Bangkok y 23 provincias del nordeste y del norte, una medida que refleja que las autoridades temen un rebrote de la violencia.
Mientras tanto, la situación en Bangkok era ayer dantesca, tras una noche de disparos aislados y humaredas dispersas de los incendios provocados por grupos incontrolados. El humo de los restos calcinados de un total de 37 edificios incendiados impregnaban la atmósfera de la capital. El Central World, el centro comercial más grande del país, parecía un montón de ruinas. Este emblema de la nueva Tailandia, próspera y abierta al exterior, se convirtió en el símbolo de una capital devastada por los incidentes políticos más graves de los últimos 20 años.
Además, apareció un problema nuevo, el pillaje. A lo largo de la noche y madrugada de ayer, bandas formadas por hasta 200 jóvenes en motocicletas desafiaron el toque de queda impuesto por el Gobierno en busca de objetivos que saquear, entre ellos, concesionarios de automóviles y grandes almacenes.