Bélgica, al borde de la fractura, enfría el pulso por la secesión

Fernando Pescador

INTERNACIONAL

Los francófonos recurren al «timbre de alarma» para frenar a los flamencos

30 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Una gran parte de la clase política belga está haciendo esfuerzos para evitar que la crisis suscitada hace una semana por el problema del distrito electoral de Bruselas, Hal y Vilvoorde, degenere en una espiral de despropósitos que conduzca al fraccionamiento del país y al vacío de poder. Ayer era una jornada clave para la crisis. El partido directamente responsable de ella, los liberales flamencos del Open VLD, exigían para cuando se celebrara la reunión ordinaria del Parlamento un voto sobre la escisión del distrito electoral.

En la Cámara, los flamencos son mayoría. En consecuencia, la votación hubiera resultado favorable a sus intereses, pues todos los partidos del norte del país, independientemente de sus colores políticos e ideologías, están de acuerdo en que esa división tiene que producirse.

Los francófonos, que no quieren votar la escisión sin que antes haya habido una negociación a fondo sobre el tema, apelaron a un recurso parlamentario extravagante, pero eficaz, para evitar el voto: hicieron sonar «el timbre de alarma», un derecho no escrito que enraíza en las tripas del sistema parlamentario belga, por el cual la votación de un asunto que una de las partes del país juzga gravemente lesivo para sus intereses queda paralizado y es remitido al Gobierno, que lo analiza durante un mes, antes de devolverlo a la Cámara. El procedimiento responde a un principio asumido, según el cual la mayoría (flamenca) no impone sus tesis a la minoría francófona sin dar una oportunidad al diálogo.

La mayor parte de los partidos flamencos, con el presidente del Parlamento Patrick Dewael al frente, asumieron la congelación del procedimiento reclamada por los francófonos, y el asunto quedó paralizado. La decisión no fue del agrado de la extrema derecha flamenca, que la contestó ruidosamente, ni de los nacionalistas radicales del NV-A que preside Bart de Weber, otrora aliados preferentes de Leterme, que exigían la votación de una fecha para las próximas elecciones.

Estas se dan por inevitables y probablemente tendrán lugar en la primera quincena de junio.

Leterme, a quien se responsabiliza de haber generalizado un discurso reivindicativo bronco sobre las tesis flamencas a escala federal, anunció ayer que no se presentará a la reelección de su partido. Ocupará su puesto la flamenca democristiana Marianne Thyssen. Oficiosamente, y debido al hecho de que Bélgica tiene un Gobierno dimisionario, se abre ahora un plazo complicado en el que sería posible concluir la negociación sobre el distrito electoral central del país y acometer la preparación de las legislativas.