Suspense total a dos semanas de las elecciones legislativas británicas

Imanol Allende

INTERNACIONAL

La campaña electoral se hace más personal, con acusaciones entre los tres candidatos a primer ministro

24 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«Más emocionante y más impredecible que nunca». El líder del Partido Liberal Demócrata, Nick Clegg, resumía ayer el estado de la campaña electoral británica. Y también más personal, con ataques directos entre sus líderes y acusaciones de mentir al electorado. Esta es la conclusión generalizada en el Reino Unido tras el debate mantenido la noche del jueves por los líderes de las tres principales formaciones políticas ante las cámaras de la cadena de televisión Sky News. Si bien el líder tory , David Cameron, ganó a los puntos, tres fueron las conclusiones del debate, que confirman que esta campaña electoral es la más emocionante e impredecible en una generación: el dirigente conservador no obtuvo el despegue necesario para hablar de una posible victoria con mayoría absoluta; que la burbuja Clegg no reventó, por lo que sigue siendo la llave al futuro Gobierno británico, y que la caída de los laboristas, conducidos por Gordon Brown, los puede llevar a ser la tercera fuerza política.

Más polémico

Esta incertidumbre y lo ajustado de los sondeos sobre intención de voto hizo que en el segundo debate hubiera más ataques y más polémica. El ataque más sonado lo protagonizó Cameron cuando acusó a Brown de decir al electorado «pura y simplemente mentiras», y de mantener una campaña de «difamaciones y miedo». El primer ministro había dicho que los conservadores tenían la intención de reducir las pensiones y eliminar las ayudas para el gas en invierno, retirar los bonos gratuitos en los autobuses, el oculista, la licencia de televisión y las prescripciones médicas para los jubilados.

Cameron acusó a Brown de publicar en un panfleto estas «mentiras» y distribuirlo por el país con la intención de crear miedo en el electorado ante la llegada de los conservadores. Ayer, los tories publicaron un panfleto propio, titulado Las mentiras laboristas, en donde se recogen «los miedos y mentiras laboristas», tal como indicó un portavoz tory .

Esta polémica se unía a los ataques contra Clegg lanzados por los periódicos conservadores horas antes del debate. Este punto se pasó por encima durante el debate, a pesar de que el moderador rompió el protocolo y dejó caer la noticia solo para que Clegg se la quitara de encima con un sencillo «son un montón de bobadas».

Otra conclusión no menos importante de este segundo debate es que fue seguido por cuatro millones de británicos, mientras que el primero lo vieron casi 10 millones, en una clara indicación de que la saturación electoral podría estar haciendo mella entre los británicos.