Nick Clegg despega en los sondeos tras su éxito en el debate televisado

Imanol Allende

INTERNACIONAL

Obtiene una intención de voto del 24%, frente al 35% de los conservadores y el 28% de los laboristas

17 abr 2010 . Actualizado a las 02:38 h.

Entre la frase que más repitieron el líder laborista, Gordon Brown, y el conservador, David Cameron, durante el debate del jueves, «estoy de acuerdo con Nick», a la que repetían ayer, «Nick está totalmente equivocado», dista el sorprendente triunfo del dirigente liberaldemócrata, Nick Clegg, en el primer enfrentamiento televisado de los tres candidatos a las legislativas de mayo. Ayer, los representantes de las dos partidos que han dominado la vida política del Reino Unido apuntaban con sus armas al que, de pronto, se ha convertido en el darling del electorado y en el hombre bisagra del próximo Gobierno británico.

Todos los sondeos realizados tras el debate dan un amplio margen de victoria a Clegg. La encuesta hecha por Populus para The Times colocaba al liberaldemócrata como ganador con un 61% de los votos de los diez millones de telespectadores, frente al 22% para Cameron, el gran derrotado de la noche, y el 17% para Brown, cifra que incluso sorprendió a los más pesimistas del Partido Laborista. El sondeo de ICM para The Guardian presentaba en términos parecidos el éxito de Clegg: 51% frente al 20% a Cameron y el 19% a Brown.

La de ComRes para el canal ITV muestra un aumento del 3% en el apoyo nacional para los liberaldemócratas, dejando la intención de voto en el 24%, mientras los laboristas bajan uno (28%) y los conservadores siguen igual (35%). Lo más sorprendente para los liberaldemócratas es que una encuesta telefónica con una muestra de 505 votantes arroja que un cuarto de estos habían decidido cambiar su voto a favor de ellos.

Aunque Clegg tiene escasas posibilidades de convertirse en el próximo inquilino de Downing Street, esta victoria refuerza la posición como partido bisagra cuando todos los sondeos apuntan a que ninguno de sus dos rivales logrará una mayoría clara para gobernar.

La clave del éxito de Clegg, casado con la abogada española Miriam González, fue aprovecharse del error político de sus adversarios, alguno podría insinuar con acierto que fueron errores de aprendiz, al enzarzarse Cameron y Brown en asestarse golpes mortales de kárate, mientras que Clegg mostró al electorado que su oferta es una alternativa real al bipartidismo ñoño que se ha distribuido el Gobierno durante 65 años. Además, logró robar a Cameron su papel de líder regenerador de una nueva era política tras trece años de laborismo.

Un Clegg ya relajado: «Me fumé un cigarro y me bebí un vaso de vino tras el debate», dijo, indicaba ayer cuál es la consecuencia del debate de la noche anterior: «Nos dio la oportunidad de decirle a la gente, sentados en sus casas, que la elección real es entre los viejos partidos y el nuevo, el nuestro».

Los rivales advierten que los dos debates Clegg será el enemigo. Pero, en el próximo, dedicado a política internacional, podrá decir que su partido fue el único que se opuso a la guerra en Irak, una posición ahora popular.