El caos y el luto se apoderan de Río

Marcela Valente

INTERNACIONAL

Los muertos por la lluvia pueden superar los 170, mientras las críticas apuntan a la falta de un plan de emergencia y de eliminación de las favelas de los sitios de riesgo

08 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Las intensas lluvias que caen sobre Río de Janeiro desde el lunes no solo son ya las más trágicas desde que se tiene registro en Brasil, con un saldo de 113 muertos y más de 60 desaparecidos, sino que han dejado al desnudo la precariedad estructural de la ciudad maravillosa , sede de la Copa del Mundo de fútbol del 2014 y de los Juegos Olímpicos del 2016.

Ayer amaneció con precipitaciones menos fuertes y ello permitió que los equipos de rescate comenzaran la búsqueda de los desaparecidos por los deslizamientos de tierra, aunque la ciudad se mantiene «en alerta máxima», según la alcaldía.

La ciudad vecina a Río de Janeiro, Niteroi, fue la más afectada por el prolongado temporal del lunes y martes, con 54 muertos y 2.025 damnificados, y donde el alcalde, Jorge Roberto Silveira, declaró el estado de calamidad pública y luto oficial durante una semana.

De los 60 desaparecidos que se teme estén bajo los escombros en que quedaron convertidas decenas de casas sepultadas por deslizamientos de tierra, 47 son buscados en favelas de Niteroi construidas en las laderas de los cerros. La Defensa Civil de Río de Janeiro, segunda ciudad más afectada, con 47 muertes, informó de que desde el lunes atendió 806 llamadas que avisaron de desmoronamiento de viviendas, deslizamientos de tierras y caída de muros.

En Río, 104 personas que sufrieron heridas y fueron trasladadas a hospitales, 180 viviendas desalojadas por estar en áreas de peligro y 2.134 damnificados.

La mayoría de los decesos se produjeron tras aludes de lodo en las favelas, barrios pobres establecidos en las laderas de las colinas. Solo en Morro dos Prazeres (Cerro de los Placeres), cerca del centro de la capital, murieron 14 personas sepultadas por un deslave.

«¿Dónde está el plan de emergencia?», coincidieron en preguntarse ayer los medios de comunicación brasileños al referirse a la falta de preparación de las autoridades para hacer frente a una tragedia que se repite periódicamente y que llevó el caos a Río .

El gobernador Sergio Cabral, que lleva más de tres años en el cargo, atribuyó la tragedia a gobiernos anteriores que permitieron el crecimiento de las favelas en áreas montañosas consideradas de riesgo.

Pese a los antecedentes, Río de Janeiro no cuenta con un plan de contingencia para este tipo de desastres ni con una política de reubicación de las viviendas que están en zonas de peligro.

«Los administradores públicos tienen que tener en cuenta que no es posible permitir que las personas ocupen áreas inadecuadas para vivir. Es preciso revisar eso», dijo el presidente Lula da Silva, al atribuir también la responsabilidad a sus antecesores.

Lula también atribuyó el desastre a la climatología y prometió que se realizarán obras para neutralizar las tormentas con fondos del recién lanzado Programa de Aceleración del Crecimiento II. «La humanidad no puede controlar la intemperie», lamentó, y añadió que por el momento lo único que se puede hacer es «pedir a Dios que pare la tempestad para que se recupere la normalidad».

Desvíos a Bahía

Sin embargo, de los 272 millones de euros que el Gobierno distribuyó en el 2009 para municipios con programas de prevención contra desastres, Río solo recibió el 1%. La mayoría de los recursos se destinaron al estado de Bahía, sin problemas tan graves por las lluvias, pero donde tiene su fortín electoral el hasta la semana pasada ministro de Integración Nacional, Geddel Vieira Lima.

El alcalde de Río, Eduardo Paes, quien también atribuyó la responsabilidad a administraciones anteriores que permitieron el crecimiento de las favelas en los cerros, solo ha reubicado a unas 800 familias que viven en zonas de riesgo desde que asumió su mandato hace 15 meses.