Berlusconi recurre a un decreto para borrar errores de su partido y que pueda participar en las elecciones

Íñigo Domínguez

INTERNACIONAL

La chapuza de las listas electorales del Pueblo de la Libertad (PDL) de Silvio Berlusconi, que en Roma y Lombardía se quedó fuera de las elecciones regionales por negligencia e irregularidades, se ha subsanado con una invención de ingeniería política italiana: el decreto interpretativo. Es genial. Dice a los tribunales que examinan los recursos presentados cómo tienen que interpretar la ley. Para ello idea unos malabarismos pensados ex profeso para solucionar los casos en juego. Lo explicó muy bien el ministro de Interior, Roberto Maroni, al salir del Consejo de Ministros celebrado en la noche del viernes in extremis : «No hay ninguna modificación de la ley electoral. Hemos dado una interpretación para consentir al tribunal que aplique la ley en modo correcto». Es decir, a su favor.

Es el enésimo abuso de poder de Berlusconi, y la oposición, en bloque, armó ayer una bronca monumental. El Partido Demócrata (PD) ha convocado una manifestación para el próximo sábado.

El ex magistrado Antonio Di Pietro, de Italia de los Valores, llamó a una «insurrección democrática popular» y pidió el impeachment para el presidente de la República, Giorgio Napolitano, por firmar el decreto. Este alega que dejar fuera al PDL «no era sostenible».

Está por ver si la chapuza le quita algún voto a Il Cavaliere.

El PDL se metió en el lío él solito. En Roma, su delegado llegó fuera de plazo a registrar el partido. Según dijo, por ir a comer un bocadillo, aunque se sospecha que salió a cambiar nombres a última hora sin que lo viera su compañero, en un escenario de peleas internas.

En Lombardía había irregularidades en más de 500 de las firmas exigidas. Pero tampoco se podía permitir que el primer partido de Italia quedara fuera de las elecciones del día 28. La única opción era saltarse la ley y eso en Italia no es problema. La cuestión era cómo.

Napolitano rechazó el jueves la primera ocurrencia de Berlusconi: un decreto que cambiara sobre la marcha la ley electoral. Era demasiado, así que se pensó en otro que propusiera una lectura generosa de la ley y a la medida. Pero debía promulgarse ayer mismo, antes de las sentencias de los tribunales administrativos sobre el asunto, para que los jueces pudieran aplicarlo. El decreto se aprobó sobre las diez de la noche del viernes, Napolitano lo firmó y fue publicado ayer en el boletín oficial.

El decreto «interpretativo», de tres artículos, dispone que basta con estar presente en la oficina electoral a la hora del fin del plazo, aunque no se haya entregado la documentación -lo que sostiene el PDL en el caso de Roma- y que las posibles irregularidades se pueden subsanar en las 24 horas siguientes.

El tribunal lombardo aplicó ayer el decreto y la mitad del problema está resuelto. Pero aún queda el embrollo de Roma y este fallo será mañana. Así que más suspense, con la presión para los jueces de quedar como los malos de la película y ser pasto una vez más de la ira de Berlusconi si deciden en contra.