Blair volvería a invadir Irak

Íñigo Gurruchaga / Colpisa

INTERNACIONAL

El régimen de Hussein habría competido con Irán en armas nucleares y apoyo a grupos terroristas.

29 ene 2010 . Actualizado a las 22:32 h.

El ex primer ministro británico, Tony Blair afirmó hoy, ante el conjunto de funcionarios y expertos que investiga la participación británica en la guerra en Irak, que no lamenta la intervención porque cree que la situación en el país árabe es mejor que en el pasado y porque, sin la intervención, el régimen de Sadam Hussein presentaría ahora una amenaza mayor y más difícil de contener.

A lo largo de seis horas de testimonio, Blair ofreció una evolución desde el aparente temor de su expresión, en los primeros minutos de su interrogatorio, hasta la seguridad y la solvencia en la exposición de sus argumentos, presentados en una sala donde estaban cuarenta familiares de soldados fallecidos en Irak, mientras había protestas callejeras en el exterior.

El presidente de la comisión investigadora, sir John Chilcot, preguntó a Blair al final de la sesión por las lecciones que había aprendido y si lamentaba algunas decisiones. El ex primer ministro fue increpado brevemente por una persona desde la galería pública cuando dijo que no lamentaba la decisión, sobre la que reflexionaba, dijo, todos los días.

Citó cifras de mortandad infantil que, en 2001, situaban al Irak de Sadam Husein por debajo de Congo en la expectativa de vida de los menores de cinco años. De 130 fallecidos por cada niño menor de cinco años se habría pasado a 40. Se están creando nuevas infraestructuras, hay una democracia de la que aún no se puede asegurar que echará raíces y los iraquíes dicen en los sondeos que son optimistas sobre el futuro.

La otra razón por la que Blair no lamenta la decisión de iniciar la guerra está relacionada con las lecciones que habría extraído del conflicto. Durante su testimonio insistió en que el deterioro de la seguridad en el país se debió a la entrada de Al-Qaida y a la actitud 'provocadora' de Irán, que no se había previsto. Con su apoyo a los grupos insurgentes, Irán intentó desestabilizar el país, dijo. Hasta la ofensiva de 2007.

Combinación letal

El ejemplo de Irán sirvió a Blair para decir que, sin intervención, los dos países vecinos, que disputaron una larga guerra en los años noventa, estarían ahora compitiendo por tener armas nucleares y por el apoyo a grupos terroristas. La amenaza de combinación de terrorismo con origen en Oriente Próximo y regímenes que tienen programas de desarrollo de armas de destrucción masiva fue presentada por Blair como el argumento central que justifica la guerra.

La evaluación sobre Irak cambió tras el 11-S, dijo Blair. Hasta entonces, se había aceptado que Sadam Hussein incumpliera las resoluciones de la ONU que habían puesto fin a la primera guerra del Golfo. Tras el masivo atentado en Estados Unidos, la amenaza de la combinación entre terrorismo y estados delictivos no podía tolerarse. Y se eligió a Irak porque se podía hacer un ejemplo en su caso y había una «ruta a través de la ONU».

Blair refutó durante la sesión de la mañana las teorías conspirativas sobre un pacto secreto con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, al que habría prometido la participación británica en la guerra en cualquier caso. Esas teorías presentan la vía diplomática de las resoluciones de la ONU como una mera estratagema para justificar una decisión ya tomada. Blair mantuvo ayer que lo que habló con Bush fue lo mismo que dijo públicamente.

Para el ex primer ministro, el debate sobre la ilegalidad de la invasión es complejo, como todas las cuestiones legales, pero no le crea dudas. La resolución 1441 que el Consejo de Seguridad aprobó por unanimidad conminando a Hussein a destruir sus armas y aceptar las inspecciones no exigía una segunda resolución. Y el grupo de inspectores liderado por Hans Blix no habría logrado mejores resultados si se le daba más tiempo.

La inteligencia decía que Hussein había amenazado con su tratamiento como traidor a todo aquel miembro de su régimen que aceptase entrevistarse con Blix fuera de Irak. Era para Blair una prueba definitiva del incumplimiento de las resoluciones. Se produjo entonces la división política, con Rusia y Francia negándose a cualquier resolución que autorizase el uso de la violencia. Pero, para Blair, la 1441 había sido redactada con mucho cuidado para no demandar una segunda resolución.