Muere en un atentado un científico nuclear iraní fiel a los reformistas

Javier Martín

INTERNACIONAL

El régimen acusa a Estados Unidos y a Israel de estar implicados en la muerte del profesor

13 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El terrorismo hizo acto de presencia ayer en Irán, siete meses después de que el país se haya sumido en la peor crisis política y social que sufre desde que en 1979 triunfara la Revolución Islámica. Un artefacto colocado en una motocicleta de pequeña cilindrada y al parecer accionado por control remoto, segó la vida de Masud Ali Mohamadi, profesor de Física en la Universidad de Teherán y, según el régimen, reputado experto nuclear. El relato oficial afirma que el dispositivo estalló cuando el científico salía de su domicilio en un barrio acomodado del norte de la capital y se disponía a abordar su vehículo para ir al trabajo.

El fiscal general de Teherán, Abas Yafari Dolatabadi, se apresuró a resaltar que era un hombre «comprometido» con el régimen, información que después contradijo la página web Jaras, gestionada por la oposición.

De acuerdo con el citado sitio de Internet, Mohamadi era partidario de la corriente reformista e incluso firmó un manifiesto con otros docentes e intelectuales en favor del líder opositor, Mir Hosein Musaví.

Acusaciones

Escasas horas después del asesinato, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ramin Mehmanparast, acusó a EE.?UU. e Israel, enemigos enconados de Irán, de estar involucrados en el ataque, acusación que el Departamento de Estado norteamericano calificó de «absurda». «Es un acto inhumano perpetrado por agentes sionistas y mercenarios estadounidenses», denunció el funcionario. Una línea argumental y de investigación que ya habían defendido los medios nacionales iraníes pocos minutos después de conocerse la noticia.

La cadena oficial en árabe Al Alam, por su parte, citando fuentes bien informadas pero no identificadas, sugirió que el ataque podría ser obra del movimiento de oposición en el exilio Muyahidin Jalq, que el régimen iraní considera terrorista. Este grupo negó cualquier implicación en el atentado.

La agencia semi oficial Fars apuntó en esa dirección y aseveró que el grupo opositor ubicado en Londres, Asociación Monárquica, había asumido la autoría del atentado, aunque no detalló cómo había logrado la información.

El de ayer es el primer atentado de estas características del que se tiene noticia en Teherán desde que el 13 de junio estallara la crisis que divide al país y podría abrir un nuevo capítulo en la misma. Analistas aventuran, ahora, que implicar a la oposición en el exilio en el atentado podría fortalecer la opinión de aquellos que demandan acciones más severas contra los líderes de las protestas.

Al complejo rompecabezas se une el pulso que Irán mantiene con la comunidad internacional a causa de las sospechas que prolonga su programa nuclear. «La eliminación de uno de nuestros científicos no afectará al progreso tecnológico del país si no que lo acelerará», advirtió ayer Mehmanparast.

Sin embargo, hasta la maestría de Mohamadi aparece en una nebulosa de contradicciones, ya que expertos extranjeros afirman que de sus publicaciones se desprende que trabaja en el campo de la física cuántica. Solo el portavoz de la Organización de la Energía Atómica iraní, Alí Shirzadian, señaló que el científico no estaba vinculado a sus actividades.