La rebelión de los billetes

Ángela Rodicio

INTERNACIONAL

03 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La oposición iraní usa la imaginación hasta límites insospechados para burlar al régimen. La última novedad es la de pasar consignas y protestar abiertamente, escribiendo sobre los billetes que luego pasan de mano en mano en el país. Una amiga me comentaba que se podrían ya editar varias enciclopedias con las leyendas que se pasan a través del papel moneda, los riales y los tomanes, todos con fotos de eminentes personalidades de la República Islámica, empezando por el mismo Jomeini.

El presidente Obama prepara un paquete selectivo de sanciones que afecten directamente al Gobierno de Ahmadineyad, mientras condena, como el resto de la comunidad internacional, la extrema violencia -y solo parece ser el principio- con la que los guardianes del régimen aplastan cualquier conato de protesta.

En los cementerios se sigue enterrando, de noche y en secreto, a los muertos por bala o por torturas en las cárceles. En el mejor de los casos, los familiares acaban conociendo el paradero de los restos de sus seres queridos. Hay ocasiones en que simplemente no lo sabrán nunca.

En el centro de la polémica, el entierro secreto del sobrino del líder de los reformistas, Mir Huseín Musavi. En una carta, el auténtico catalizador de las protestas, Mehdi Karrubi, en su día asistente del mismo Jomeini, acusa al Gobierno de haberse convertido en «enemigo de la justicia y la libertad, hasta tal punto emborrachados de poder que ni siquiera son capaces de mostrar respeto en nuestro día más santo, la Ashura, conmemoración de la muerte de Huseín, nieto de Mahoma».

El ayatolá Dastgheyb, de rango similar al del fallecido Montazeri, miembro de la poderosa Asamblea de Sabios, ha hecho un llamamiento al resto de los líderes religiosos para que rompan su silencio y se sumen a las protestas.

Ya solo falta que las mismas fallas que se han abierto en la cúpula religiosa lleguen a la militar, y el régimen de los ayatolás, como hace 30 años el del Sha, caerá como una fruta madura, víctima de sus propias ínfulas de poder. Es solo una cuestión de tiempo.