Conmoción en toda Colombia por el asesinato del gobernador secuestrado

Milagros López de Guereño

INTERNACIONAL

Críticas al presidente por no haberle asignado más protección y por ordenar un rescate militar

24 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Si la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) buscó, a la desesperada, impactar a Colombia y al mundo al secuestrar y asesinar al gobernador del Caquetá, Luis Francisco Cuéllar, lo consiguió.

Pero el tiro les saldrá por la culata. Según los expertos, pretendían desafiar la política de seguridad democrática del presidente Álvaro Uribe y volver a disponer de un político para presionar el canje de sus 500 prisioneros, así como desviar el cordón militar sobre el Mono Jojoy hacia otra zona.

Es posible que el jefe guerrillero haya podido sentir algún alivio, pero al degollar al político, supuestamente cercados por los soldados, las FARC permanecerán en las listas de grupos terroristas al tiempo que cercenaron las tímidas posibilidades de liberar a los 24 militares secuestrados, algunos desde hace 12 años, por la vía del diálogo.

Otros expertos ven en esa acción la muestra de que la guerrilla está maltrecha e intenta recuperar el terreno perdido.

Uribe, a quien la guerrilla considera «el enemigo número uno del canje», vio en el reto una razón más que poderosa para ordenar la liberación de todos los secuestrados por la vía militar, una solución que volvieron a rechazar las familias que temen por la vida de sus seres queridos.

Desde que llegó a la presidencia en el 2002 desplegó a los militares por el país y logró arrinconar a los guerrilleros en zonas remotas. Siempre se opuso a negociar con los grupos armados, pero aceptó a regañadientes gestiones de organizaciones cívicas con vistas a negociar la liberación de los rehenes.

Por otra parte, la familia de Cuéllar criticó ayer que después de las amenazas recibidas, la seguridad del gobernador no era adecuada. El político ejecutado el mismo día que cumplió 69 años, fue durante 22 años objetivo de la guerrilla liderada por Alonso Cano tras la muerte el histórico Manuel Marulanda, Tirofijo .

Las FARC acusaban a Cuéllar de hacer la vista gorda con los paramilitares de extrema derecha, pero las cuatro ocasiones que lo capturaron se resolvieron con el pago de un rescate.

El último y fatal secuestro se perpetró el lunes. Tenía ocho agentes asignados para su protección, pero solo había un patrullero en su casa, que murió en el acto. Portavoces oficiales señalaron a Milton de Jesús Toncel, sustituto de Raúl Reyes en el secretariado de las FARC, como responsable del crimen. La acción provocó la repulsa unánime de toda la sociedad colombiana y de la comunidad internacional.

«Lo degollaron. Lo asesinaron miserablemente» para evitar hacer disparos que pudieran ser escuchados por los militares, enfatizó Uribe tras conocer que el cuerpo de Cuéllar apareció, el martes, en una zona rural. «No se merecía eso. Era un hombre muy generoso, le encantaba estar con la gente humilde», dijo ayer su esposa, Imelda Galindo.