La opinión pública desaprueba las tentaciones del presidente de crear una saga política con su hijo
18 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Nicolas Sarkozy atraviesa el momento más delicado desde su acceso hace dos años y medio al palacio del Elíseo. La polémica desatada en torno a las acusaciones de favoritismo en beneficio de su hijo Jean ha disparado las alarmas en la presidencia francesa.
Por culpa de los caprichos de un principito consentido y adulado por los cortesanos, Sarkolandia ha dejado de ser el paraíso teórico de la democracia irreprochable, la recompensa al esfuerzo y la meritocracia erigida en religión de Estado para convertirse en una vulgar república en la que impera el poder absoluto del hiperpresidente Sarkoleón, rey sol eclipsado por el amor filial.
Según los sondeos, a un 64% de los galos les parece mal la elección de Jean Sarkozy al frente del Ente Público de Ordenación de La Défense, la City de París. También es mayoría (51%) entre la derecha el sector disconforme con la entronización de un joven de 23 años, que nunca ha trabajado y sigue en segundo de Derecho, a la cabeza de uno de los mayores barrios de negocios de Europa.
La Défense es el escaparate de Francia en los medios económicos internacionales. Y también una pieza clave en la ambición de Sarkozy padre de crear un Gran París metropolitano, además de ser una máquina de hacer dinero por derechos de construir y tasas empresariales.
De tal palo tal astilla, Jean ha entrado en política a la misma edad que su progenitor y con idéntico instinto para desembarazarse de rivales. En el 2008, a los 21 años se convirtió en el más joven diputado provincial.
El clan húngaro
Semanas después, presidía el grupo conservador en los Altos del Sena, el departamento más rico de Francia, protegido por el padrinazgo de los Balkany, amigos de su padre y también oriundos de Hungría.
Papá Sarkozy se ha visto obligado ahora al contraataque en defensa de su hijo, es decir, en autodefensa. «Es un puesto no remunerado; por tanto no se trata de una prebenda», declaró quien un día dijo ser el as del cambio de los reflejos dinásticos de sus antecesores. Y confesó sentirse impresionado por la capacidad de trabajo de su retoño, casado con una joven hija de acaudalados judíos.
Asesorado desde el Elíseo, Jean también ha salido para decir que lleva la política en los genes: «Cuando uno se llama Sarkozy, las cosas son a veces más difíciles». El repetidor de Derecho anunció que «en año y medio sacaré el título». Pero sabe que su verdadera carrera se aprueba en el nombre del padre.