El euroescéptico presidente checo, Vaclav Klaus, que se ha negado hasta ahora a ratificar el texto.
09 oct 2009 . Actualizado a las 15:52 h.A expensas de que Polonia ratifique mañana el Tratado de Lisboa, el futuro del documento comunitario depende de la voluntad de una sola persona, el euroescéptico presidente checo, Vaclav Klaus, que se ha negado hasta ahora a ratificar el texto y al que legalmente no se le puede obligar a hacerlo.
La reticencia de Klaus a ratificar un texto que, salvo Polonia y República Checa, ya han aprobado todos los demás socios de la Unión Europea puede, en teoría, prolongarse mientras sea jefe del Estado.
Hasta 2013, no están previstas elecciones presidenciales en la República Checa.
La Constitución checa no establece mecanismos ni plazos temporales para que el jefe de Estado ratifique una ley, incluida una de rango constitucional, como la que aprobó el Tratado de Lisboa en el país centroeuropeo.
«Según la Constitución, no hay ningún límite temporal ni siquiera obligación de firmar, y tampoco se establecen plazos», señaló hoy a Efe Jan Gronsky, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carolina de Praga.
El experto destacó que ante la actual situación de incertidumbre creada por Klaus «no existe ninguna salida, aunque con una interpretación extrema sería posible decir que el Parlamento puede acordar que el presidente, por razones muy serias, no es capaz de ejercer su función».
En ese caso «le podría representar el jefe del Gobierno», añadió Gronsky, ya que el primer ministro también firma las leyes con el Presidente para que éstas entren en vigor.
Otra medida, «aún más extrema», sería que el presidente «por su actuación dirigida contra la soberanía o integridad de la república, o su orden democrático, sea considerado que comete alta traición», lo que no constituye, sin embargo, un delito penal, matizó el experto.
Si es así, el Senado iniciaría el proceso de inhabilitación del máximo mandatario y el Tribunal Constitucional lo juzgaría.
En cualquier caso, la única reforma constitucional posible para evitar un nuevo bloqueo presidencial tendría que tener «carácter permanente», apostilló Gronsky.
Pero este experto considera que el carismático político checo, padre de las reformas económicas de los años noventa, «al final lo firmará».
Mientras tanto, los socialdemócratas checos están casi seguros que su euroescéptico jefe de Estado acabará por firmar el Tratado.
«Firmará y este bloqueo al final se terminará sin necesidad de emplear medidas extraordinarias», declaró hoy a Efe Lubomir Zaoralek, vicepresidente de la Cámara baja y del Partido Socialdemócrata (CSSD).
Zaoralek descartó de momento esas «medidas drásticas», que serían «las últimas», y entre las que citó la enmienda a la Constitución, aunque adelantó que prefieren evitarla.
Los socialdemócratas amenazaron la semana pasada con abrir un proceso para inhabilitar al jefe del Estado mediante una denuncia por «inactividad» por un delito de «traición a la patria». Klaus ha esgrimido distintos argumentos para retrasar la firma.
Primero fue un recurso contra el documento, rechazado por el Tribunal Constitucional checo en noviembre. Luego, la espera a de que Irlanda se pronunciara en un referéndum, que el pasado viernes dio un claro «sí» a Lisboa.
Ahora, Klaus asegura que no estampará su firma hasta que se resuelva un nuevo recurso presentado por senadores conservadores.
Aparte de esperar a que se resuelva el nuevo recurso, Klaus ha planteado como condición para ratificar Lisboa que se hagan adendas a la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, una modificación que implicarían reabrir el contenido del Tratado.
Según la prensa checa, esa modificación pretende garantizar que la minoría germana de los Sudetes expulsados de Checoslovaquia tras la Segunda Guerra Mundial no puedan exigir indemnizaciones.