Cuatro de las cinco víctimas mortales del desprendimiento de rocas ocurrido el viernes en la turística playa de María Luísa, en el Algarve portugués, eran un matrimonio y sus dos hijas. Los cuatro vivían en el norte de Portugal y se encontraban de vacaciones en Albufeira en una casa alquilada, según explicó a las autoridades el novio de 24 años de una de las hijas, que también resultó herido grave.
La quinta fallecida es una portuguesa de 37 años, residente en Francia, que estaba veraneando en el Algarve con su marido y su hija. Las tres personas heridas en el suceso ya están fuera de peligro y solo una está hospitalizada.
El accidente ha provocado un intenso debate en Portugal sobre la seguridad en las playas, y mientras que el ministro de Medio Ambiente luso, Francisco Nunes Correia, afirmó que la playa había sido inspeccionada y no se había detectado «ningún riesgo de accidente a corto plazo», la asociación ecologista Quercus advirtió de que el número de estos accidentes «aumentará».
Nunes explicó que la situación de playa había sido estudiada el día 14 y sus acantilados «habían sido identificados como un riesgo potencial pero no para que se diese un accidente a corto plazo». Entre los factores que podrían haber influido en el desprendimiento apuntó al seísmo ocurrido el martes, de una magnitud de 4,2.