Veinte años del picnic que agrietó el Telón de Acero

La Voz

INTERNACIONAL

20 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Soy libre». Ese es el pensamiento que pasó por la cabeza de Walter Sobel el 19 de agosto de 1989, mientras cruzaba la frontera austro-húngara junto a cientos de compatriotas de la Alemania del este, en lo que fue la primera rasgadura del Telón de Acero.

Ayer, 20 años después de aquella aventura, Sobel y su esposa Sabine acudieron a Sopronpuszta, en la misma linde entre Austria y Hungría, para celebrar el aniversario del Picnic Paneuropeo, la reunión que posibilitó la apertura momentánea de la frontera y la huida de más de 600 alemanes orientales. «Tuvimos el sentimiento de ser por fin libres», recordó Sobel.

Walter llevaba varios días en Hungría cuando escuchó sobre la organización del picnic y supo que la frontera se abriría brevemente. Junto a sus esposa y sus hijas, se acercó a la línea divisoria. «Estaba nervioso y con muchas esperanzas. Llevaba a mi hija en brazos y corrieron lágrimas. Fue un momento muy emotivo y nos alegramos mucho de haberlo logrado», rememoró.

El ansia de libertad era más fuerte que el miedo. Los Sobel ya habían intentado escapar a través de la frontera yugoslava. «En dos ocasiones nos dieron el alto policías de frontera y solo pudimos continuar y evitar que nos detuvieran con una buena excusa», recordó Sabine. La nueva vida comenzó de inmediato. Los alemanes orientales fueron acogidos en Austria e inmediatamente trasladados a Baviera, en la Alemania Federal.

Aquella huida, la primera masiva de ciudadanos del bloque oriental hacia occidente, supuso el comienzo de la caída del Telón de Acero. «No teníamos ni idea si iba a ser histórico o cómo iba a terminar. No queríamos hacer historia, simplemente queríamos tener una vida mejor», explicó María Filep, una de las organizadoras del Picnic.

Encuentro entre pueblos

La cita, pensada como un encuentro entre pueblos europeos, se produjo apenas tres meses después de que Hungría empezara a desmantelar los cientos de kilómetros de alambrada y sistemas de alarma que le separaban de Austria desde los años 50.

Los primeros jirones del Telón de Acero empezaban a caer y el proceso se aceleró tras el 19 de agosto. Sin embargo, el Telón aún se cobró una última víctima. Dos días después del picnic, un ciudadano germano oriental murió al recibir un disparo en un forcejeo con un guardia fronterizo. «Ese fue el momento cuando los organizadores empezamos a pensar que fácilmente nos podría haber pasado también a nosotros. De acuerdo con la ley en aquellos días, violar la frontera podía significar 20 años de cárcel», aseguró Filep.

Ayer, en un ambiente festivo, muchos de los protagonistas de aquella jornada se reunieron en el mismo sitio y a la misma hora.

El escenario es el mismo. La frontera está de nuevo cerrada, pero solo al tráfico de vehículos para permitir la fiesta.