El optimismo de Silvio Berlusconi no tiene límites. Las críticas de su mujer Veronica Lario por poner «caras bonitas» en las listas electorales no parecen haberle hecho mella. Así lo anunció ayer: «Las encuestas me dan el 75% de popularidad». Además, se comparó con dos de los líderes mundiales más populares: «Obama está al 59%, mientras Lula llega al 64%. Por lo tanto, el mío es un récord absoluto». Así estaban las cosas cuando entró en el Teatro San Carlo, de Nápoles, para asistir a un concierto de la Filarmónica de Berlín. Algo debió cambiar en esas horas porque a la salida fue recibido con silbidos y gritos de «¡Fuera!». Como no fue de su agrado, entró rápidamente, y con gesto de malhumor, en el automóvil que lo esperaba.
Antes del concierto, Il Cavaliere había comentado positivamente el acuerdo entre Fiat y Chrysler. «Es un impulso para salir de la crisis», dijo mientras aseguró que mantiene una muy buena relación con la Casa Blanca. «Iré a visitar a Obama a mitad de junio para prepara el G-8 y el G-14». Durante el reciente viaje del presidente norteamericano a Europa, Berlusconi fue el único líder que no se reunió con el presidente norteamericano.
La protesta de ayer fue precedida de una semejante el pasado lunes, también en Nápoles, donde al final de una reunión sobre el problema de la basura, se acercó a los periodistas reunidos ante la Prefectura. Sus palabras fueron interrumpidas por los gritos de dos jóvenes: «¡Fuera!» y «¡No tienes porque ir a los Abruzos. Nos estás fastidiando!».
«Guapas dependientas»
Muy distinto fue el encuentro del jueves de Berlusconi con los agricultores que celebraban su asamblea anual. Allí hizo gala de su proverbial optimismo y su ironía pidiendo perdón a los presentes «por no haber traído a las bailarinas». Y añadió: «Si tenéis necesidad de guapas dependientas, ya sabéis a quién dirigiros».
Este buen humor lo trasladó a la crisis económica para anunciar que «Italia ya ha pasado lo peor», y a la gripe A/H1N1, al aceptar un trozo de mortadela que los agricultores le ofrecieron. «Muy buena, verdaderamente buena», comentó mientras pasaba la bandeja a sus acompañantes.
La prensa italiana recogió ayer otro factor de tensión entre Silvio Berlusconi y sus hijos: el deseo de los tres más jóvenes de tener puestos de responsabilidad en las empresas familiares, como ya los tienen Marina y Piersilvio, nacidos del primer matrimonio de Il Cavaliere.
En juego están más de 8.000 millones de euros, propiedades aparte, que un día se repartirán entre ellos.