Los servicios de inteligencia paquistaníes creen que el líder de Al Qaida, Osama Bin Laden, está muerto, pero no tienen pruebas. Así lo aseguró ayer el presidente Asif Alí Zardari en una entrevista con medios internacionales en la que quiso dejar claro que el arsenal nuclear de Pakistán se encuentra seguro y que no hay peligro de que pueda caer en manos de la insurgencia talibana, después de la preocupación expresada por EE.?UU. debido al avance de los islamistas en el este del país. «Quiero asegurar al mundo que la capacidad nuclear de Pakistán está en manos seguras», aseveró el jefe de Estado.
En cuanto al paradero de Bin Laden, Zardari también fue tajante. «Los estadounidenses me dicen que no lo saben y ellos están mucho mejor equipados que nosotros para descubrir su paradero. Nuestros servicios de inteligencia, obviamente, creen que ya no existe, que está muerto». No obstante, admitió que no puede aportar ninguna prueba para sustentar su afirmación.
Washington ha apuntado en reiteradas ocasiones al volátil cinturón tribal paquistaní fronterizo con Afganistán como el probable refugio del líder de Al Qaida, que hace varios años que no aparece en un vídeo.
En una de esas áreas tribales, que forman parte de la Provincia de la Frontera del Noroeste (NWFP), concretamente en el distrito de Dir, al menos 46 insurgentes perecieron en una de las ofensivas del Ejército paquistaní, que continuaban ayer y que han llevado al grupo islamista que media en la pacificación del vecino valle de Swat a suspender las conversaciones de paz con el Gobierno regional. «La operación va a continuar en Dir hasta que hayamos asegurado la zona», dijo un portavoz militar. Los analistas consideran que estas ofensivas son el preámbulo de una nueva operación del Ejército paquistaní en Swat, que supondría la constatación del fracaso del controvertido acuerdo de paz con los talibanes.
«Nuestro consejo de jefes se reunió el domingo y decidió suspender las negociaciones de paz con el Gobierno de NWFP», declaró Amer Izat, portavoz del líder protalibán Sufi Mohamed, que fue quien negoció en febrero un acuerdo de paz a cambio de la instauración de la ley islámica (sharia) en Swat. Tras este pacto se constató el avance talibán hacia distritos vecinos a Swat como Buner, Shangla y Dir, lo que suscitó las críticas de Estados Unidos.