La crisis puede empujar a la UE a desarrollar un modelo de economía verde en el que pocos europeos creían hasta hace poco
06 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El comercio mundial de alimentos orgánicos mueve cada año 30.200 millones de euros, es decir más de lo que la Comisión Europea destinará en los próximos dos años a medidas anticrisis. La energía eólica se ha revelado como la mejor fórmula para luchar contra el cambio climático, y además se ha convertido en un impresionante y disputado negocio (óiganse los ecos del polémico concurso celebrado hace meses en Galicia, que repartió inversiones por valor de 5.500 millones). Por su parte, la industria del automóvil, pulmón de la economía planetaria, se ha dado cuenta de que solo podrá salir del bache y mantener los millones de puestos de trabajo que proporciona si se dedica a fabricar coches verdes que consuman y contaminen menos. ¿Alguien duda de que las consideraciones ecológicas se han convertido ya en el precepto esencial de cualquier modelo de desarrollo que se quiera sostenible?
Hasta hace no mucho, a quienes defendían en Europa una agricultura libre de transgénicos y de productos químicos, respetuosa a la vez con la salud humana y con el bienestar animal, se les tachaba de bisoños y de soñadores, cuando no, directamente, de tarados. Y a quienes proponían la alternativa de las energías limpias frente a la producción basada en el carbón y el petróleo, se les contestaba que eso era sinónimo de enviar al paro a miles de personas, cuyas empresas, al parecer, no podrían competir en un sistema globalizado si se las obligaba a pagar la energía más cara.
Insostenible
No han pasado muchos lustros desde aquellas advertencias que el tiempo ha demostrado tan erradas. Y en ese plazo lo que se ha hundido, y lo que ha arrastrado al paro a millones de trabajadores, ha sido precisamente ese sistema productivo basado en la explotación irracional de los recursos naturales, que Europa quiere ahora convertir en historia. La economía verde ya no es la amenaza, sino, al contrario, la mejor solución.
«La Comisión Europea celebra la aprobación de la directiva que obligará a los cargos públicos a usar vehículos menos contaminantes». «El Europarlamento quiere que a partir del 2018 todos los edificios nuevos que se construyan en la UE sean capaces de producir toda la energía que consumen». «El Consejo de Ministros de la Unión acuerda apoyar nuevas normas para mejorar la eficiencia energética de neveras, lavadoras y televisores», dicen los titulares de la prensa europea. Y eso a pesar de que hay líderes que siguen empeñados en negar la evidencia, como Vaclav Klaus, presidente de la República Checa y representante de turno de la UE, que afirma que el cambio climático se debe a cualquier cosa menos a las emisiones de CO2.
Hace años, el equipo de Bill Clinton elaboró una ingeniosa fórmula para insultar con elegancia a su adversario electoral, George Bush, advirtiéndole de que no valía de nada ganar guerras en Oriente si Estados Unidos no lograba mantenerse como la primera potencia productiva del planeta. «¡Es la economía, estúpido!», le espetaron entonces. ¿Cómo resistir la tentación de manipular la frase?