El asesino de EE.UU. se había preparado para enfrentarse en un choque armado

Victoria Toro

INTERNACIONAL

De origen vietnamita, llevaba un chaleco antibalas y se sentía «degradado» porque hablaba mal inglés

05 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Jiverly A. Voong era un estadounidense de 41 años de origen vietnamita. Temprano, el viernes, le pidió prestado su coche a un vecino. Le dijo que lo necesitaba para ir a clases de inglés en el centro de la Asociación Cívica Americana de Binghamton. Esta organización ofrece ayuda a los inmigrantes recién llegados: clases gratuitas de inglés, ayuda legal y preparación para la obtención de la nacionalidad. Voong hablaba mal inglés y, según sus familiares, eso lo había llevado a sentirse «degradado». Nadie sabe qué pensaba este hombre cuando se subió en el coche prestado. Pero iba preparado para un enfrentamiento armado. Se había puesto bajo la ropa un chaleco antibalas y llevaba dos pistolas y munición en una bolsa colgada al cuello. Cuando llegó al centro para inmigrantes aparcó su coche de forma que bloqueara la salida por la puerta trasera. Después, bajo la lluvia, se dirigió a la puerta principal. Entró y sin decir nada comenzó a disparar. Las primeras en recibir sus tiros fueron las dos recepcionistas. Una de ellas murió y la otra, tiroteada en el abdomen, se hizo la muerta bajo una mesa, desde donde pudo llamar a la policía. A pesar de que estaba herida de gravedad, durante noventa minutos pudo ir contando lo poco que veía y lo que oía. Después, Voong entró en una de las aulas. Allí disparó a la profesora y a todos los estudiantes. Causó otras doce muertes. La profesora de inglés era Roberta Rey, de 72 años. La única de las víctimas confirmada por sus familiares. Las autoridades suponen que Voong tenía la intención de enfrentarse a la policía. Pero poco después de las diez y media, al oír las sirenas de los coches patrulla, debió asustarse y se suicidó. Cuando la policía entró en el centro encontró catorce cadáveres, entre ellos el del propio Voong, y cuatro heridos en situación crítica. Abdelhak Ettouri, inmigrante marroquí, estaba en una clase de inglés cuando oyó los disparos. Se asomó y vio un muerto. Salió corriendo hacia la puerta trasera solo para descubrir que no podía abrirla. El asesino la había bloqueado con su coche. Ettouri y otros compañeros se escondieron en el cuarto de las calderas del sótano. Allí esperaron durante tres horas a ser rescatados. Tres horas en las que, según narró Ettouri, estuvieron pensando que eran las últimas de sus vidas. Más suerte tuvo Aylin Koksoy, que llegó a Binghamton desde Turquía hace ocho meses. Koksoy asistía a clases en el centro atacado por Voong. Su clase es precisamente contra la que el pistolero disparó, pero Koksoy no estaba allí. «El viernes no fui a clase porque tenía muchas cosas que hacer en casa», relató esta mujer. Cuando se enteró de lo que había sucedido llamó uno a uno a sus compañeros para descubrir que muchos no contestaban al teléfono porque se encontraban entre las víctimas. Las autoridades continúan la investigación para esclarecer las identidades de las víctimas y entender las razones del asesino. Lo que el FBI descartó por completo es la afirmación del líder talibán paquistaní, Baitualah Mehsud, de que sus hombres eran los responsables de la matanza.