Estados Unidos cerró en la Conferencia sobre Afganistán celebrada ayer en La Haya treinta años de distanciamiento con el régimen de Teherán, iniciado con la ocupación de la Embajada de EE.?UU. en la capital persa en 1979. Por primera vez, una alta representación estadounidense -la secretaria de Estado, Hillary Clinton- se sentó a la mesa con una delegación iraní de alto nivel, el viceministro de Exteriores, Mahdi Akhounzadeh.
En la enorme mesa rectangular, Clinton ocupó un asiento a la derecha de Ban Ki-moon y Hamid Karzai, mientras que Akhounzadeh lo hizo en el lado izquierdo, treinta puestos más allá, entre Indonesia e Irlanda. Aunque Clinton no habló con el iraní, sí lo hizo Richard Holbrooke, enviado especial de EE.?UU. para Afganistán y Pakistán, quien consideró la presencia de la República Islámica en la conferencia «obvia». ¿Cómo puedes hablar sobre Afganistán y excluir a uno de los países que tiene frontera con él?», dijo.
La conversación al margen de la conferencia «fue breve y cordial», «no se centró en nada sustancial, no estaba planeada y ambos acordaron seguir en contacto», informó Clinton a la prensa. Añadió, además, que se entregó una carta a los iraníes, reclamando la liberación de tres estadounidenses retenidos en Irán.
La breve conversación entre Holbrooke y Akhounzadeh es el contacto de más alto nivel entre Washington y Teherán en décadas. El Gobierno ruso calificó el encuentro de «primer paso en la dirección correcta».
La Conferencia de Afganistán, que reunió a más de 70 países e instituciones, fue un éxito para EE.?UU. La comunidad internacional dio un respaldo unánime a la estrategia de Obama para el país asiático, e Irán mostró su disposición a «participar en los proyectos destinados a combatir el tráfico de droga y en los de desarrollo y reconstrucción en Afganistán», en palabras de Akhounzadeh. No obstante, dejó claro que la presencia de tropas extranjeras no estaba mejorando la seguridad.
La potenciación de la policía para que pueda proteger de forma efectiva los territorios que liberan el Ejército y las tropas internacionales, así como el diálogo con talibanes moderados son otros de los aspectos refrendados ayer. Antes, Clinton había apoyado con firmeza la política de reconciliación del Gobierno de Kabul con los talibanes que dejen las armas y recalcó que esta opción no supone negociar con terroristas.
Ban Ki-moon marcó el tono de la reunión al afirmar en la apertura que si la comunidad internacional deja de apoyar a Afganistán sería «traicionar» los logros alcanzados.