Barack Obama decidió salir ayer a la calle y retomar el estilo de la campaña electoral para defender ante el estadounidense de a pie su plan de estímulo económico y al mismo tiempo presionar al Congreso para que lo apruebe. Y que mejor sitio que Elkhart (Indiana), una localidad de apenas 51.000 habitantes y con un 15,3% de paro, el doble de la media nacional, para hacer llegar directamente los detalles del plan.
«No se me han olvidado vuestros problemas, me los he llevado conmigo a la Casa Blanca», dijo Obama a los ciudadanos de Elkhart, su última parada durante la campaña electoral y su primera como presidente. «Poneros cómodos, que vamos a estar aquí un buen rato», advirtió en el gimnasio del instituto Concord. Para la ocasión eligió el formato de campaña llamado town hall meeting , o lo que en España sería la fórmula tengo una pregunta para usted. «No hemos filtrado a nadie. Quiero oír lo que piensan todos», destacó Obama, en claro contraste con George W. Bush, que controlaba al máximo sus actos para que no se colase ninguna pregunta inconveniente. La única regla, esperar el turno a mano alzada, «para que nadie se enfade conmigo», bromeó. Y así fue.
Uno de los asistentes pregunto: «¿Por qué la gente que designa para cargos de Gobierno no paga impuestos?». El público intentó abuchearlo, pero Obama los detuvo. «Es una pregunta muy legítima», dijo.
«Mi mantra era: si solo puedo nombrar a gente que nunca en su vida haya cometido un error no voy a tener a nadie a quien nombrar», dijo, pero acto seguido repitió su mea culpa y recordó que ha pedido perdón en todas las televisiones.
Contracampaña
Elkhart es solo el principio, ya que Obama tiene en su agenda visitar durante tres días algunas de las zonas más afectadas del país para contraatacar la maquinaria republicana que está logrando crear malestar entre la población por el alto precio del nuevo paquete económico. Una gira que intercalará con su trabajo en Washington. Al cierre de esta edición, Obama tenía previsto celebrar una rueda de prensa en horario de máxima audiencia en las televisiones.
«El no actuar ya no es una opción», dijo. «Ya hemos debatido, este no es un plan perfecto, pero es sin duda un momento para la acción», aseguró el mandatario ante el aplauso de los vecinos de Elkhart.
Obama exigió a los congresistas que abandonen sus diferencias y aprueben el plan. Una celeridad que podría verse entorpecida si, tal y como prometen, los republicanos paralizan el proceso a mediados de esta semana, cuando las dos Cámaras debatan en común las leyes antes de mandarlas a la Casa Blanca. De ser así, sería el primer fracaso manifiesto de Obama, que, a pesar de todos sus esfuerzos, no ha convencido a los conservadores. Una falta de cooperación que es vista con malos ojos por un 58% de la población.