El Gobierno de Brasil expresó ayer su confianza en que la discrepancia surgida con Italia a raíz de la decisión de otorgar refugio a un terrorista de las Brigadas Rojas, condenado a cadena perpetua, no afecte «las sólidas relaciones bilaterales» entre ambos países. No obstante, el canciller italiano, Franco Frattini, declaró que la decisión brasileña es «inaceptable» y llamó a consultas al representante de Italia en Brasilia.
La crisis comenzó cuando el Ministerio de Justicia brasileño otorgó estatus de refugiado político a Cesare Battisti, miembro de las Brigadas Rojas Proletarios Armados por el Comunismo, acusado de cuatro crímenes perpetrados en los años setenta. Battisti, que niega su responsabilidad en esas muertes, huyó de Italia en 1981 y tras vivir clandestinamente en México se refugió primero en Francia y luego en Brasil. Allí fue detenido en el 2007 a requerimiento de Italia, que pedía su extradición.
Concedido el refugio, la Fiscalía de Brasil pidió archivar el trámite de extradición y recomendó al Tribunal Federal Superior otorgar la libertad a Battisti. El tribunal se pronunciará en febrero, pero entretanto se ha suscitado un conflicto diplomático.
El presidente italiano, Giorgio Napolitano, envió una carta de queja a su colega Luis Inacio Lula da Silva. El mandatario sudamericano respondió que la concesión de refugio es una facultad soberana de su Gobierno.
Esta semana, cuando la Fiscalía pidió archivar la causa, la cancillería italiana consideró «gravísima» la decisión. «Battisti es un terrorista que no merece en absoluto el estatus de refugiado», afirmó enojado Franco Frattini.
Ante esta nueva escalada, el canciller convocó al embajador, y la cancillería de Brasil emitió un comunicado en el que insistió en que «todos los procedimientos están siendo seguidos según la ley brasileña».