El republicano tiene dificultades para reeditar las elevadas cotas de apoyo que obtuvo George Bush
INTERNACIONAL
La comunidad latina parece históricamente rendida al poder del Partido Demócrata, que desde 1960 ha sabido hacerse con su favor de forma más o menos regular. Así lo demostró, sin ir más lejos, el ex presidente Bill Clinton cuando en 1992 logró capturar el 72% de los votos de acento hispano en disputa. Pero hubo una excepción.
El actual presidente, George W. Bush, logró interponer un paréntesis en esa tradición liberal gracias a sus promesas de sacar adelante un nuevo plan para regularizar a millones de indocumentados.
En apariencia, McCain tiene dificultades para repetir la conexión de intereses que se produjo con Bush. El fracaso de la llamada ley de amnistía, que encontró su principal núcleo opositor precisamente en las filas republicanas, se llevó muchas de las simpatías cosechadas entre este sector por el actual inquilino de la Casa Blanca.
Algunos analistas han señalado, además, que la dureza de los huracanes Ike y Gustav , que han devastado Cuba, podría haber llevado a una parte de la colonia de este país asentada en Miami a desear un levantamiento temporal del bloqueo, por razones humanitarias, que la actual Administración, impasible, no ha tenido en consideración.
A esto habría que añadir otro inconveniente, imputable a la actitud de McCain: el no haberse dado cuenta de que los latinos no son una excepción y que, al igual que el resto del país, o quizá más, solo están preocupados por una cosa: la crisis económica.
Los sondeos revelan que la economía es el asunto que acapara su atención, seguido por otros como la educación y la Seguridad Social, pero muy lejos de la prioridad que concede el republicano a las cuestiones de seguridad. Un dato que está en concordancia con los miles de carteles que rezan en los mercadillos de Estados Unidos: «Aquí no se habla inglés, aquí se habla en dólares».