Básicamente, los requisitos para poder acceder las urnas en el país de las libertades son tres: ser ciudadano estadounidense, no poseer ningún tipo de antecedente penal y estar en plenas facultades mentales (aunque algunos estados requieren también que el votante haya residido durante un tiempo mínimo en el área antes de las elecciones).
La medida de privar a los ex convictos de sus derechos civiles es una de las polémicas. Se calcula que al menos 5,3 millones de personas están exentas del derecho a votar por culpa de sus antecedentes.
De los 50 estados del país, 48 prohíben votar a cualquier persona que esté presa, 36 lo hacen también con aquellos que están en libertad condicional y otros 37 lo prohíben también a aquellos que ya han pagado su deuda con la sociedad. Tan solo dos estados, Vermont y Maine, dejan votar a sus reclusos.