El líder tory, David Cameron, inauguró ayer el congreso del Partido Conservador con el objetivo de demostrar al electorado que, además de estilo, su agenda política contiene sustancia. Y qué mejor que demostrarlo en aspectos tan críticos para los británicos como el económico, y cuando según las encuestas los ciudadanos aún confían más en la capacidad del Gobierno que del partido en la oposición. Cameron acusó a los laboristas de «fracaso» en lo que respecta a la regulación del sector financiero y de perder el tiempo en vez de sentarse a reformar el sistema.
Los delegados conservadores llegaron a Birmingham para escuchar un mensaje de su líder que ya conocen pero que, no por repetitivo, les es menos grato escuchar: que el Partido Laborista se ha hundido en las proyecciones de voto y que el partido tory resurge «fuerte, unido y listo para alcanzar el poder», comparado con el Gobierno, «que ha perdido completamente la dirección».
Sin embargo, Cameron sabe cuáles son los peligros de creerse en Downing Street en 2010. Una consulta hecha por la firma BPIX y publicada ayer en el dominical The Sunday Telegraph otorgaba a los tories un 43% de apoyo, un descenso de cuatro puntos frente a otro sondeo del pasado agosto. Los laboristas subieron siete puntos, hasta el 31%. Por este motivo, Cameron lanzó una advertencia a los delegados del partido cuando dijo que «no quiero que en ningún momento caigamos en la autocomplacencia, es vital que no haya ni una pizca de autocomplacencia esta semana, vamos a demostrar de lo que estamos hechos, vamos a demostrar que vamos reconstruir la economía». Todo ello a las pocas horas de que el Gobierno anunciara la segunda nacionalización de un banco en el Reino Unido, el Bradford & Bingley.
Cameron pidió que «todo lo que hagamos tenga que ver con la aspiración de ayudar a los ciudadanos con el coste de la vida». Recordó que el partido tory es una formación «que cree que es bueno que la economías sean libres y abiertas».
Horas antes de iniciarse la conferencia, Cameron presentó ante las cámaras de la BBC el proyecto de reconstrucción de la economía. Entre las medidas destaca la formación de un organismo independiente que controle el gasto público, así como un mayor papel del Banco Central en el control del sector financiero. Cameron contrastó este paquete con lo que, a su juicio, ha hecho el Gobierno: nada. Así evitaba culpar de la presente crisis económica mundial a las instituciones financieras.