Haití no despierta de los huracanes

La Voz

INTERNACIONAL

Un mes después de que «Gustav», «Hanna» y «Ike» golpeasen la isla todavía hay muchos pueblos bajo el agua y numerosas personas sobreviven en los tejados

28 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Hace un mes, Haití se sumía en su pesadilla más recurrente: un huracán pasaba por encima del país y lo devastaba. Después llegaron otros dos y se agravó la situación. Ya no despertó. Las últimas cifras oficiales hablan de 425 muertos, 50 desaparecidos y 800.000 damnificados. Pero más allá de los números, la imagen de Haití es la de una tierra golpeada hasta la exageración sin que se vislumbre una recuperación a corto plazo.

De tan conocida, la secuencia diaria ya no desespera a la mayoría de habitantes: lluvia torrencial durante la tarde y la noche, inundación en la madrugada y desesperación al amanecer. Así han venido sucediéndose las semanas desde la oleada de huracanes en el Caribe. Para hacerse una idea, desde el 26 de agosto, día en que el primer ciclón tocó la parte occidental de la isla La Española, que comparten Haití y la República Dominicana, hay ciudades como Gonaives que permanecen inundadas. Y lo que es peor, numerosos puntos del mapa del país permanecen aislados. Gustav , Hanna y Ike son los nombres de los culpables de la desolación haitiana. Pero ya nadie soslaya que las responsabilidades van en una dirección diferente a la de la naturaleza, sin que nadie se dé por aludido.

Este viernes el presidente haitiano, René Preval, reclamó para su país menos beneficencia y más soluciones ante la Asamblea General de la ONU. «La caridad jamás ayudó a ninguna nación a salir del subdesarrollo», asestó antes de pedir un giro total en la política de cooperación internacional a partir de una liberalización del comercio global. Si no, aseguró, las cosas seguirán como hasta la fecha tras cada desastre natural. «Una vez que se agote la primera ola de compasión quedaremos otra vez como siempre», se lamentó.

Lo grave es que esta vez ni siquiera la primera ayuda ha sido la requerida. La ONU ha estimado en 108 millones de dólares la cantidad mínima para que Haití haga frente a sus problemas más acuciantes, pero a Puerto Príncipe no ha llegado ni el 2% de lo necesario.

Cronología y causas

El 26 de agosto llegó el Gustav , que destrozó el sur de Haití antes de seguir su curso hacia Cuba y Estados Unidos. Una semana después se acentuó la debacle con el Hanna , y luego el desastre lo completó el Ike . De los tres, el de mayor impacto fue el segundo, que convirtió la ciudad de Gonaives, al norte, en una suerte de zona cero de la catástrofe. Metida en un estuario inundable, Gonaives, tercera ciudad del país, quedó tapada por el agua en unas horas. Y ahí sigue. Más de 80.000 personas evacuadas y otras muchas que sobreviven en los tejados de sus casas, a la espera de que el agua baje algún día, algo complicado debido a las precipitaciones copiosas de esta época y a la falta de recursos para drenar el terreno.

Lo que sucede en Gonaives desnuda el porqué de la incidencia fatal de tormentas y ciclones en Haití. En menos de un siglo, entre el 80 y el 90% del país ha sido deforestado, con la tala indiscriminada de árboles, empleados como combustible energético. Con el suelo erosionado, el terreno no absorbe la cantidad de litros que caen y en las zonas llanas cercanas al mar se produce lo inevitable.

La situación sigue siendo dantesca en esa ciudad y en muchas más zonas que, con las lluvias, han quedado incomunicadas por tierra o sin posibilidad de ser asistidas de forma rápida. También ayuda al desastre la falta de datos, como son las cifras de fallecidos y afectados. Testigos del paso del Hanna por Gonaives, por ejemplo, aseguran que murió más gente de la que se dice. Hay que tener en cuenta que Haití no dispone de un censo fiable. Según los datos disponibles, tiene poco más de ocho millones de habitantes, pero organismos internacionales los aumentan hasta doce o trece millones.

En un país en el que el 80% de la población no gana más de dos dólares al día, en el que la mitad de la población no sabe leer ni escribir y apenas hay tejido económico, se comprende que un mes después del inicio del desastre todo siga igual. Y más si el año pasado hubo otros ciclones. Y hace cuatro años muchos más, potenciados por la inestabilidad política. El cóctel no puede ser más desalentador.