El Elíseo logró sortear ayer los obstáculos colocados ante la Unión Europea por el presidente de Polonia, Lech Kaczynski, al anunciar el pasado martes su intención de no ratificar el Tratado de Lisboa tras el triunfo del no en Irlanda. Lo consiguió después de una conversación telefónica que mantuvieron el dirigente polaco y su homólogo galo, el presidente de turno de la Unión, Nicolas Sarkozy.
En su transcurso, Kaczynski afirmó que Polonia «no será un obstáculo en la ratificación del Tratado de Lisboa», según indicó la Presidencia de la república francesa en un comunicado. La conversación entre los dos jefes de Estado, que coincidirán el próximo día 13 en París con motivo de la cumbre de la UE para el Mediterráneo, se centró esencialmente en los aspectos que impone el desarrollo de la nueva norma institucional comunitaria.
El Parlamento polaco aprobó en abril la ratificación del Tratado de Lisboa, pero en virtud de la Constitución de ese país, el presidente es quien debe ratificar los tratados en última instancia. El pasado día 1, Kaczynski declaró en un diario polaco que el Tratado de Lisboa ya no tiene sentido después del no irlandés y que no iba a ratificarlo por el momento.
Sarkozy, que asumía ese día la Presidencia semestral de la UE, dijo entonces que no podía imaginar que Kaczynski, «que firmó el documento en Bruselas y en Lisboa pueda poner en entredicho su propia firma», y dijo no tener duda de que el dirigente polaco, que «nunca ha traicionado su palabra», cumpliría con el compromiso que rubricó ante sus 26 socios de la Unión.
Sin embargo, estas palabras no amilanaron al líder polaco que, espoleado por la solidaridad de su colega checo, el también euroescéptico Vaclav Klaus, volvió a repetir el jueves que no sentía ninguna urgencia en ratificar el Tratado. Tras la conversación de ayer, Sarkozy volvió a recordar que este texto «había sido negociado por el propio presidente Kaczynski» y que Polonia se había comprometido a ratificarlo, indicó el Elíseo.
Por otro lado, Polonia y Estados Unidos no consiguieron cerrar un acuerdo durante las negociaciones en torno al sistema antimisiles, reveló ayer el jefe de Gobierno polaco, Donald Tusk.
Polonia espera «garantías reales de seguridad», ya que el escudo antimisiles refuerza principalmente la seguridad de Estados Unidos, pero para Polonia supone riesgos adicionales, según Tusk, que también subrayó la disposición de su país a mantener más conversaciones. «Esperamos una respuesta», dijo.
Según medios polacos, el Gobierno de Varsovia no está satisfecho con la última oferta realizada por Estados Unidos. Como contrapartida a su aprobación, Varsovia pidió ayuda militar de los norteamericanos por valor de varios miles de millones, principalmente para la modernización de la defensa aérea polaca.
Según informó ayer el diario Rzeczpopolita , los estadounidenses habrían ofrecido una unidad de misiles del tipo Patriot. Aparte, estos misiles permanecerían en territorio polaco bajo control de Estados Unidos.