Tranquila, aunque haciendo gala de su frialdad y precisión, Nelly Ávila Moreno, Karina , tercera al mando del Frente 47 de las FARC, compareció ayer ante los medios de comunicación un día después de entregarse al Ejército colombiano porque estaba cercada por los militares.
«De los miembros del secretariado no conozco absolutamente nada desde hace dos años», explicó, dando una idea de cómo funciona la guerrilla en la actualidad y de por qué decidió entregarse. Karina estaba cercada por el Ejército desde hace al menos dos meses y negociaba su rendición, aunque, según ella misma relató, no se decidió hasta el pasado domingo.
Fue entonces cuando encendió una bengala con el fin de que la recogiera un helicóptero del Ejército en zona rural del municipio de Sonsón (Antioquia).
Ávila Moreno dejó las armas junto a su compañero sentimental, Abelardo Montes Suárez, Michín , quien la acompañó en la rueda de prensa donde se pudieron observar los estragos que la guerra ha causado en su cuerpo: tuerta por una mina, con un brazo lesionado por una bala y otras numerosas cicatrices que no estaban a la vista.
Pesaban sobre ella seis órdenes de captura por homicidio, rebelión, terrorismo, secuestro, extorsión y daño a bien ajeno. Sin embargo, mirar la lista de crímenes no da una idea de la devastación que causó esta mujer. Se le acusa de al menos cinco masacres, de haber tomado en 1999 el Batallón de Fusileros, en Chocó, costa Pacífica, donde murieron 25 militares y otros 12 fueron retenidos, y de haber dirigido la incursión al pueblo de Arboleda (Caldas), donde murieron 13 policías y 4 civiles, entre ellos la esposa de un uniformado, que fue quemada.
Entre los actos más recientes, se le acusa de haber montado una emboscada en el Chocó, junto con miembros de la otra guerrilla, ELN, matando a 8 policías y reteniendo a 30.
Karina, que pasó 24 de sus 47 años en las FARC, se defendió de su fama de fría y sanguinaria asegurando que la acusaban de muchos hechos de los cuales no fue «la autora material ni intelectual», y que sus compañeros desmovilizados y los informes de inteligencia darán una idea real de cuáles fueron sus acciones.
Parca en sus respuestas, Karina admitió haberse desmovilizado por la presión del Ejército y el miedo a que alguno de sus hombres buscara la recompensa de 650.000 euros que se ofrecía por su cabeza.
Parece ser que empezó a flaquear cuando el 6 de marzo Pedro Pablo Montoya, Rojas , mató y entregó a su comandante Iván Ríos, en la misma zona de influencia y también fruto de la presión ejercida por los militares.
Rojas recibió con otros informantes un millón de euros de recompensa. En aquella ocasión, una alta fuente del Ejército le comentó a La Voz que en realidad iban buscando a Karina, pero se encontraron con un mando más alto.
La comandante no hizo declaraciones sobre las aportaciones de Hugo Chávez a las FARC, simplemente declaró «admirar» al presidente venezolano.
Sobre la imputación de haber matado a Alberto Uribe, padre del actual mandatario colombiano, Karina aseguró: «No conozco ni nunca supe quién fue el que asesinó al papá del presidente». La desmovilizada declaró que las FARC están debilitadas e incomunicadas, y le mandó un mensaje a su máximo líder, Tirofijo: «Esta lucha no se gana por medio de la guerra, hay que dialogar». Y pidió a los rebeldes que entreguen las armas y se acojan al «plan de reinserción».