Sobornos, colegios y hospitales a cuenta del dinero de la droga

La Voz

INTERNACIONAL

18 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La sociedad está amenazada. En Sinaloa la gente no se atreve a salir a las calles. En Tamaulipas todos guardan silencio. En Nuevo Laredo, los narcos invitan abiertamente por medio de panfletos a los miembros de la fuerza pública a vincularse a su organización con un mejor sueldo y beneficios para sus familias. Y funciona. Muchos militares acaban en las filas del narcotráfico.

«La policía y el Gobierno siempre han estado involucrados con el narco -comenta Aline Ross, mexicana dedicada a la investigación de mercados-. Pueden venderte como heroica una muerte de alguien que murió defendiendo tu seguridad. Pero nunca sabes si fue un ajuste de cuentas, si no cumplió las reglas o si estaba jugando en ambos bandos. Además, nuestro sistema legal es un desastre. Aquí nadie denuncia, nadie culpa, nadie toma medidas? México es el país de la impunidad».

El editor Ricardo García coincide en que «el poder judicial es deficiente, corrupto y vulnerable». La propia estructura social, la ubicación geoestratégica del país y las carencias de los poderes públicos sembraron el caldo de cultivo para que el narcotráfico campe a sus anchas en México. «Toda la sociedad está involucrada», comenta Carlos de la Cruz. «Acabo de regresar de Michoacán y todos saben de sobra quiénes son los narcos. Cuando entra un gran cargamento sano y salvo a Estados Unidos, el narco hace una fiesta e invita a todo el pueblo. Y todo el pueblo asiste. La complicidad de la sociedad es un reflejo de la complicidad de las instituciones».

Narcos santificados

Por eso, no resulta extraño que al norte del país, se amontone la gente ante la capilla del santo Malverde, un supuesto narcotraficante santificado por el fervor popular. Ross lo explica así: «En los pueblos, sobre todo en los que hay una pobreza extrema, la gente tiene una relación muy cercana con los narcos. Son los que construyen las escuelas y los hospitales. En México, lo que no resuelve el Gobierno lo resuelven los narcotraficantes».