Ya son más de mil los ejecutados este año en acciones atribuidas a los cárteles que se reparten el país y a los que el presidente Calderón ha jurado combatir a muerte
18 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«Ocho por día, un cadáver cada tres horas». Este es el saldo que, según el diputado priista Jesús Ramírez Strabos, se ha cobrado la guerra del narcotráfico en México desde comienzos del 2008. En lo que va de año unas 1.200 personas han sido ejecutadas por cuestiones relacionadas con el narcotráfico, más de 3.600 desde que comenzó el gobierno de Felipe Calderón, el 1 de diciembre del 2006.
Las víctimas son policías federales, municipales, narcotraficantes, civiles y hasta músicos. Las 8.680 ejecuciones que se dieron durante el sexenio pasado, bajo el mandato de Vicente Fox, empezaron a saber a poco. Pero la alerta roja se encendió la pasada semana, con 108 tiros de gracia en tan solo siete días. De todos ellos, el que alcanzó a Edgar Millán, coordinador de Seguridad Regional de la PFP (Policía Federal Preventiva), mientras llegaba a su domicilio ha sido el más mediatizado.
Millán era una de las caras más conocidas contra el crimen organizado en este país. Su asesinato es un ataque directo a las instituciones. «La ejecución del jefe de policía es un desafío para el Estado mexicano por parte de la delincuencia organizada, pero tenemos claro que esta batalla va a ser larga y va a tener costos muy elevados», declaró el procurador general de la república Eduardo Medina ante los medios de comunicación.
Como Colombia en los ochenta
La guerra de Felipe Calderón parece haber encontrado respuesta en los narcotraficantes. Autoridades y analistas no dudan de que los narcos buscan doblegar a la sociedad por la vía del terror, como sucedió hace 20 años en Colombia con Pablo Escobar y el cartel de Medellín. Y parte de la sociedad mexicana está de acuerdo. «La violencia viene de la mano de unos intereses creados que se están tratando de romper. La vista gorda que hicieron muchos Gobiernos a cambio de no tener una vivencia de terror llegó a su fin con la abierta declaración de guerra de Calderón», afirma Ricardo Mauricio García, de la Editorial Televisa.
Y esta declaración de guerra vino acompañada de 24.000 soldados, que en diciembre del 2006 se sumaron a la lucha contra el narcotráfico. «La oleada de violencia es una respuesta al incremento de la presión militarizada del Gobierno. El Ejército en las calles es puramente simbólico, pero conlleva altos riesgos para un país democrático, como el hecho de otorgar responsabilidades policíacas a un cuerpo sin preparación para tales efectos», valora Carlos de la Cruz, escritor español afincado en México desde hace siete años.
Pero esta violencia responde también a un efecto de reajuste natural para ubicarse de forma privilegiada en la verdadera guerra, no la de Calderón, sino la de las rutas marítimas y terrestres de la droga. De tres a siete carteles controlan actualmente el mapa del narcotráfico en México. El recrudecimiento de la violencia en los estados de Sinaloa, Michoacán y Guerrero obedece, según el procurador Medina, al acotamiento de la actividad de las bandas, que resuelven a tiros sus diferencias.