Irán cambia a unos conservadores por otros

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

Ahmadineyad ha perdido apoyos y ya se habla de un sucesor más moderado

27 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Como en cualquier país totalitario, las elecciones en Irán tienen un interés limitado, pero no nulo. No representan fielmente el sentir popular, pero reflejan corrientes subterráneas de opinión y sobre todo las mareas del poder. A simple vista, las de este fin de semana no cambian gran cosa: han ganado los conservadores. Pero estos conservadores no son los mismos que llevaron al poder a Mahmud Ahmadineyad, cuyo declive dentro del régimen se precipita a un año de las presidenciales.

Ahmadineyad llegó al poder apadrinado por el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, aupado por el voto joven y protegido por el Ejército. Fue una combinación de descontentos: el de los ayatolás con la política aperturista del entonces presidente Mohamed Jatamí y el de la gente con su mala gestión económica. Ahmadineyad no lo ha hecho mejor en este terreno (la inflación se ha desatado) ni tampoco se le ha dado bien la política exterior. El nuevo Parlamento refleja esta caída en desgracia: los nuevos diputados son en su mayoría fieles al líder supremo, y no a Ahmadineyad, a quien tan solo le queda el apoyo reticente del poder militar.

Resurge Alí Lariyani

Si finalmente se prescindiese de Ahmadineyad, ¿quién podría sustituirlo? Irán tiene un problema de líderes. Es una sociedad muy joven y represiva, en la que es difícil que alguien con carisma pueda ser a la vez del agrado del régimen. El reformista Jatamí medró por este motivo, igual que para sustituirlo hubo que impulsar a alguien como Ahmadineyad, demasiado radical incluso para Irán. Podría ser que ahora los ayatolás pactasen con el sector pragmático que representa, por ejemplo, el ayatolá Rafsanyani, y hasta con los reformistas, para promover a la nueva estrella en ascenso en la política iraní: Alí Lariyani.

Lariyani es lo que podríamos llamar un conservador moderado (la política iraní obliga a todo tipo de retorcimientos léxicos). Antiguo negociador nuclear, partidario de una línea más flexible con Occidente, se enfrentó agriamente con Ahmadineyad. Ahora, Lariyani ha logrado un triunfo electoral resonante en la ciudad de Qom y se rumorea que podría ser el próximo presidente del Parlamento. Tampoco es un dato despreciable que, a pesar de las muchas trabas legales, los reformistas hayan conseguido mejorar su representación hasta el 15%. Han encontrado un líder en el alcalde de Teherán, Mohamed Qalibaf, y aunque no tienen la menor oportunidad en las presidenciales del año próximo pueden pactar con Lariyani.

Y todo esto se produce además en un momento en que parece aflojar la tensión entre Irán e Israel (y por lo tanto con Estados Unidos). Tel Aviv, hasta hace un par de semanas muy alarmada por la posibilidad de un Irán nuclear, anuncia ahora oficialmente que el peligro no es tan inminente. La razón: los israelíes apuntan en este momento contra Siria, como cada vez que experimentan una crisis política interna. Si a esto le sumamos un posible próximo presidente demócrata en la Casa Blanca, se estarían dando las condiciones para un deshielo de las relaciones con Irán, y, quién sabe, hasta dentro del propio Irán.