La frustración ante un futuro incierto y la decepción cunden entre los iraquíes, que ayer conmemoraron el quinto aniversario de la caída de Sadam Huseín envueltos, un día más, por la violencia. Muchos de ellos aún conservan en sus retinas la imagen que se convirtió en el símbolo del derrocamiento del dictador, el derribo de su imponente estatua en la plaza de Firdaus, en pleno centro Bagdad. Pero el ambiente de fiesta que rodeó la caída de la estatua se convirtió más tarde en una pesadilla continua.
«Cualquiera que diga que el 9 de abril del 2003 es un día extraordinario está equivocado, porque ese día el Estado se derrumbó junto con el régimen de Sadam», afirma el analista suní Abdelqader Obeidi.
La brutalidad durante los tiempos de la dictadura fue sustituida por la era de los funerales, la aparición de los llamados escuadrones de la muerte, responsables de la matanza de miles de civiles, y el desmantelamiento de todos los servicios básicos. «Los días en los que vivíamos en calma a pesar de las restricciones impuestas por Sadam se han ido y han sido reemplazados por la era de la inseguridad y la desintegración de la vida social», se queja Um Laiz, cuya sobrina fue asesinada el año pasado.
«Al comienzo de la ocupación escuché a Bush decir que nos proporcionaría a los iraquíes alimentos, medicinas y libertad», señala el comerciante Sami Naieem. «Cinco años después, no hemos visto nada», prosigue con un pesimismo que se ha asentado en el país árabe ante la falta de seguridad en todas las provincias.
Trece muertos
En el quinto aniversario de la caída de Bagdad no hubo tregua ya que trece personas, siete de ellas civiles y varias niños, murieron en Sadr City, el feudo del Ejército del Mahdi del clérigo chií Moqtada al Sadr, donde tropas estadounidenses y milicianos chiíes libraron su cuarto día de combates.
Tras un nuevo estallido de violencia en la noche del martes, en la que murieron seis personas y 36 resultaron heridas, los combates perdieron intensidad durante la mañana. Solo se oían ráfagas intermitentes de armas ligeras y algunos disparos de mortero. Pero la calma se rompió y se cobró siete vidas cuando tres obuses de mortero cayeron en una zona de viviendas e hirieron además a 24 personas. En total, 55 personas han muerto en Sadr City desde que se reanudaron los combates el domingo.
La coalición anunció también la muerte de un soldado estadounidense por la explosión de una bomba en Bagdad, donde al menos diez militares estadounidenses murieron en los últimos cuatro días.