«Un mes es quizás poco tiempo para los cambios realmente estructurales que necesita el país», dice la joven doctora Marlene Hernández mientras refleja el sentir de muchos cubanos que aún tienen esperanzas de que su vida mejore en los próximos meses, tras la designación de Raúl Castro como presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
«El propio Raúl alertó de que no sería un proceso muy rápido, pero claro que nos gustaría que algunas cosas comiencen a mejorar», apunta la doctora mientras espera un autobús que la acerque a casa tras 24 horas de guardia. «El transporte público, por ejemplo, está mucho mejor que meses atrás, pero aún es insuficiente», concluye.
Pero ya han pasado varias semanas desde que Raúl Castro anunció que se levantarían prohibiciones ya obsoletas y que dificultan la vida a los cubanos, y aunque algunas se han podido conocer extraoficialmente, otras, como el acceso a la telefonía móvil, ya han sido anunciadas públicamente.
«Todavía no se ha empezado a aplicar nada, que sepamos», apunta el ingeniero Roger Barreiro, refiriéndose a la posible venta de equipos como ordenadores y deuvedés. «También me gustaría que eliminaran las regulaciones para la compra de casas, por ejemplo, lo que quizás ayude a mejorar el problema de la vivienda», dice.
Y es que existen muchas restricciones que hacen imposible la venta de casas y coches entre particulares, que al parecer serán flexibilizadas.
A la universitaria Leysy Ballester la intranquiliza un posible reajuste monetario. «Nadie sabe cómo será, por lo que hay muchas expectativas. Alguna gente está cambiando su dinero a moneda nacional, por si hay una revalorización», cuenta.
Los salarios, reconocidos como insuficientes por el propio Raúl Castro, quitan el sueño a muchos.
«Mientras no podamos vivir de nuestro trabajo es difícil que haya un aumento de la productividad y, sin ese aumento, paradójicamente, tampoco mejora la economía», comenta Leysy.
«Creo que sí hay una intención de hacer cambios, pero no creo que sea posible con las condiciones económicas actuales hacerlo de inmediato», dice el jubilado Raúl Moscoso. «Tendría que haber un respaldo económico muy grande porque no hemos descubierto grandes yacimientos de petróleo u otras cosas. El bloqueo influye, pero no creo que sea lo fundamental».
El joven Yaunier Valdés sí nota signos de cambio. «Se ve en los métodos de dirección. Raúl tiene una forma de gobierno más participativa y eso debe ser positivo. Hay que darle tiempo».
Muchas medidas que pueden molestar al cubano de hoy, como la prohibición de acceder a instalaciones turísticas, o las trabas para entrar y salir del país, se supone que irán cambiando también. Pero quizás nada preocupe más que la alimentación. Jesús González, panadero, lo resume en una frase: «Yo lo que quiero es tener garantizado el caldero, y lo demás que venga poco a poco».