La prensa del Reino Unido respondió a la expectación causada por la llegada de la Bruni, y todos abrieron con fotos de la primera dama gala, relegando a un segundo plano a su marido. El rotativo The Times imprimió una caricatura de la familia real y los Sarkozy todos desnudos, y The Mail repitió la foto de Bruni sin ropa. Tal ha sido el robo de protagonismo que se convirtió en disputa entre Sarkozy y un periodista cuando este le preguntó si se sentía a gusto con su mujer captando la atención de todo el mundo en vez de él, presidente. Contestó en tono airado que ella es muy humana e inteligente y que no tiene problemas por el interés que despierta. En la prensa corrió un chiste: «¿Quién es ese bajito que sigue a la Bruni?».
A pesar de que la señora de Sarkozy solo tuvo un acto oficial en la jornada, cuando visitó con su marido el 10 de Downing Street, su presencia volvió a eclipsar. Por ejemplo, cuando el recatado y algo torpón con las damas, Gordon Brown, la besó en las mejillas -¿quién se va a creer ya que los británicos son fríos?-, y charló con ella en un flirteo de portal, mientras Sarko, a su lado, le daba palique a su esposa.
Si la ropa de la consorte -o su ausencia- fue motivo de enorme interés, no lo fue menos la escasa altura de Sarkozy («¡es más bajo que Brown!», apuntaban los periodistas), y su necesidad de llevar zapatos con plataforma. «Más de tres centímetros y parecidos en altura a los de la Reina», destacó un diario.
Bruni volvió a calzar ayer zapato bajo. A quien no se le escapó ni un centímetro de la ex modelo fue al duque de Edimburgo, septuagenario que las ha matado callando en su mocedad, y que la acompañó en todo momento.
Pero aunque los británicos se resistan a coronar como la lady Di del siglo XXI a una súbdita francesa, lo cierto es que desde que murió Diana, el Reino Unido no había vivido un despliegue de tal magnitud sobre la vida de una mujer.