Buergenthal, que ha escrito «Un niño afortunado», un relato de su terrible infancia en guetos y campos nazis, asegura que ha perdonado, pero no olvida
24 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Thomas Buergenthal relata en Un niño afortunado. De prisionero en Auschwitz a juez de la Corte Internacional (Plataforma) su terrible infancia. Después rehízo su vida en EE.?UU. y se convirtió en juez, pero admite que su paso por los campos nazis sigue marcando su vida. «En aquella época solo pensaba en dos cosas: comer y sobrevivir», señala. «Hubo un momento en que creí que me iban a matar; la certeza de la muerte me produjo calma», recuerda.
-¿Por qué un niño afortunado con lo que sufrió?
-En primer lugar porque salí con vida. El título del libro se refiere a lo que le dijo una adivina a mi madre en 1939, que su familia iba a tener terribles problemas, pero yo los sortearía porque era un niño afortunado.
-Usted dice que tuvo suerte de entrar en Auschwitz. Explique este contrasentido.
-Cuando llegaba un transporte separaban a los niños en la estación y los enviaban a las cámaras de gas. Yo llegué con mi padre y mi madre, pero como proveníamos de un campo de trabajo no hicieron la selección, ya que dieron por supuesto que estábamos sanos. Por eso digo que tuve suerte de entrar en Auschwitz, me salvó la vida.
-¿Qué recuerdo de su infancia lo persigue más?
-El ahorcamiento de unos presos que habían intentado fugarse del campo de trabajo de Henryków. Obligaron a otros prisioneros a que les colocaran las sogas en el cuello. Observé cómo a uno de ellos le temblaban las manos cuando trataba de ponérsela a otro. El preso que iba a morir le besó la mano, deslizó la soga por su cuello diciéndole algo y lo abrazó. Suponía la victoria del coraje moral y se me quedó grabado.
-¿Ha perdonado?
-No siento rencor ni odio. Solo lo sentí cuando me reencontré con mi madre y me dijo que habían matado a mi padre. He perdonado, pero no olvido.
-Ya quedan pocos supervivientes del Holocausto. ¿Teme que se tergiverse la historia cuando ya no haya testigos?
-Esa es la razón por la que he escrito el libro. Cuando se habla de seis millones de personas asesinadas uno no se hace a la idea, resulta una cifra incomprensible, inabarcable. Por eso es muy importante que cada uno cuente lo que le pasó a él y a su familia.
-Usted no puede ver imágenes del Holocausto.
-Puedo hablar y escribir sobre el tema, pero no ver imágenes ni leer libros ni ver uniformes nazis. Me afecta muchísimo. Tuve que salir del cine cuando fue a ver La vida es bella sin saber el argumento.
-Su libro es lectura obligatoria en Alemania.
-Eso demuestra el interés de las nuevas generaciones alemanas por el Holocausto y la culpa.