Muchos se preguntan por qué en Estados Unidos es más fácil destruir la carrera de un político por mentir sobre su vida sexual que por meter a todo un país, y de paso a medio mundo, en una guerra que se ha comprobado equivocada de raíz
22 mar 2008 . Actualizado a las 22:12 h.El último ejemplo, el meteórico descenso a los infiernos de Eliot Spitzer, flamante gobernador del estado de Nueva York, un puesto que asumió apenas un año atrás cuando era considerado una estrella al alza del Partido Demócrata. Su pecado mortal fue contratar los servicios de una red de prostitución de lujo (la última vez, el pasado febrero) en la que se habría gastado hasta 80.000 dólares. Antes de que se hubieran presentado cargos en su contra ?lo que no ha sucedido y podría no suceder? y de que la investigación todavía en marcha haya concluido ?lo que parece poco probable? que pagó las atenciones de Kristen con dinero de los contribuyentes, el sheriff de Wall Street renunció a su cargo. Y eso, según explicó en rueda de prensa al lado de su mujer Silda, por no haber estado a la altura de lo que se esperaba de él. Por haber decepcionado a los neoyorquinos. En definitiva, por mentir y traicionar la confianza de quienes lo votaron, porque en Estados Unidos cuando se elige a alguien parece que se elige a un héroe, a la encarnación de la bondad y la rectitud, al líder en quien confiar ciegamente. Un paso en falso, pues, puede costar el cargo.
Pero no por cualquier paso en falso, sino por caer en las debilidades humanas más primarias, por no respetar los sagrados valores familiares de los que se han apropiado los republicanos pero que igualmente defienden, sobre todo en épocas electorales, los demócratas. Resumiendo, por pecados de la carne. Puritanismo, hipocresía y política. Un cóctel explosivo. Spitzer es solo el último caso de una larga lista. Para no ir demasiado atrás, recordemos el caso Lewinsky que casi echa a Bill Clinton de la Casa Blanca. Otro de los más sonados fue la dimisión en el 2004 del gobernador de Nueva Jersey James McGreevey al descubrirse que tenía una relación homosexual con un ayudante. Ahora, además, se ha conocido que su entonces esposa participó en algún trío con ellos. Recordemos también el revuelo que puso en el ojo del huracán al veterano senador Larry Craig, a quien según la acusación en su contra pillaron in fraganti a finales del año pasado en un baño del aeropuerto de Minneapolis solicitando sexo a otro hombre que resultó ser un policía encubierto. Todos ellos fueron juzgados públicamente y recibieron el repudio de la opinión pública.