La cultura del diálogo que permite convivir a dos comunidades con lenguas y culturas diferentes
INTERNACIONAL
Al contrario de lo que sucede en España, la mayoría de los belgas vive de alquiler. Y aunque las rentas son muy caras y las fianzas se elevan a tres mensualidades, en los juzgados apenas se ven litigios entre arrendadores y arrendatarios una vez que finaliza el contrato. ¿El truco? A diferencia del sistema español, donde la fianza se entrega al dueño del inmueble, en Bélgica la ley dispone que esa cantidad se ingrese en una cuenta conjunta, y la firma de ambas partes es indispensable para desbloquear la garantía. Si hay diferencias, no hay otra que negociar: o se reparte el dinero de común acuerdo, o no hay dinero para nadie.
Esa cultura del diálogo por obligación impregna casi todos los usos sociales de los belgas, y también sus costumbres políticas. Y es cierto que son un país dividido y habitado por dos comunidades con lenguas, culturas, estilos y tradiciones completamente diferentes. Pero también lo es que desde la independencia que les unió bajo un mismo rey y una misma bandera en 1830, se han acostumbrado a remendar sus frágiles costuras hablando entre ellos.
Salvo excepciones como la de los padres del nuevo primer ministro, Yves Leterme, flamencos y valones no suelen formar matrimonios mixtos; tienen escuelas y universidades segregadas; ven televisiones y leen periódicos diferentes; votan a listas separadas en las elecciones, y es raro verlos sentados a una misma mesa si no es por asuntos de negocios. Tampoco es extraño que el empecinamiento por defender sus respectivas lenguas ocasione verdaderas catástrofes, como la que hace siete años le costó la vida a ocho personas que viajaban en un tren que se estrelló con una locomotora en Pécrot, a veinte kilómetros de Bruselas. El factor de la estación de Wavre (Valonia) hablaba francés y fue incapaz de advertir del peligro a su colega de Lovaina (Flandes), que solo entendía el flamenco.
Funcionarios y aeropuertos
Ahora, la ley belga exige que los funcionarios que ocupan determinados cargos, como los factores de estación o los dependientes de Correos de Bruselas, sean bilingües, mientras que otra norma no escrita impone al rey Alberto II la obligación de leer su mensaje televisado de Navidad en los dos idiomas oficiales, por turno e idéntico espacio de tiempo.
La Constitución también establece que el Gobierno debe estar formado por el mismo número de ministros francófonos y neerlandófonos, sea cual sea el ganador de las elecciones. Y eso no deja más remedio a los políticos que sentarse a negociar hasta llegar a un acuerdo, como les sucede a los propietarios e inquilinos con las fianzas de los pisos. Es verdad que a veces hay que renunciar a parte de la garantía y que la discusión puede durar meses. Pero el asunto nunca suele llegar a los tribunales.