El hombre que plantó cara a Bush

Óscar Santamaría

INTERNACIONAL

Un reportaje que reflejaba la oposición de William Fallon a atacar Irán fue el detonante de su inesperada dimisión como jefe del Comando Central de las fuerzas de EE.?UU.

16 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Aunque lo niegue la Casa Blanca, son pocos los que dudan de que detrás de la repentina dimisión del almirante William Fallon como jefe del Comando Central, responsable de los soldados estadounidenses presentes en Oriente Medio, está George W. Bush. O mejor dicho, el oscuro y todopoderoso vicepresidente Dick Cheney.

La razón esgrimida por el propio Fallon para dejar su puesto -al que llegó hace tan solo un año- no parece haber convencido a muchos. En teoría, decidió renunciar esta semana después de que se publicara un amplio perfil suyo en el último número de la revista Esquire en el que se señala que tenía serias diferencias con el Gobierno sobre sus planes de atacar Irán, una posibilidad a la que Fallon se oponía de plano.

El almirante negó este extremo, pero igualmente presentó su dimisión porque el artículo suponía «una distracción» para su trabajo diario. ¿No parece una decisión algo drástica? ¿No hubiera bastado con un comunicado desmintiendo el reportaje? ¿Qué dice Fallon en él?

Lo primero que llama la atención al leer el largo artículo de Esquire, titulado El hombre entre la guerra y la paz, es que ya desde el comienzo se avisa que Fallon tiene un pie fuera del Comando Central por su abierta postura en contra de atacar Irán. Algo que él mismo dejó claro en numerosas entrevistas, siempre poniendo por delante la diplomacia para resolver el pulso con la República Islámica, pero «sin retirar ninguna opción de la mesa». Vamos, la línea oficial dictada y repetida hasta el cansancio por Bush y compañía. Entonces, ¿qué diferencia hay cuando esto sale de los labios del presidente y de los de Fallon? Pues seguramente que el almirante se lo cree. Uno de los comentarios que menos gustaron en la Casa Blanca fueron aquellos que dijo a la cadena árabe Al Yazira el pasado otoño: «Este constante ruido de tambores a conflicto, ni ayuda ni es útil. Yo espero que no haya guerra, y eso es por lo que debemos trabajar». Tal y como expresa Thomas Barnett, experto en temas militares que firma el artículo en Esquire , Estas palabras no cayeron nada bien entre los neocon de Washington y menos en los fieles escuderos de Israel, con acceso directo al despacho oval. La revista se pregunta cómo se las arreglaba Fallon entonces para seguir gozando de la confianza de Bush expresándose de esa manera. Como si tuviera una bola de cristal, Barnett escribe: «La respuesta es que a lo mejor no lo sigue haciendo por mucho más tiempo. Bush no está acostumbrado a un subordinado que hable tan libremente como Fallon, y el presidente puede haber tenido ya bastante».

En este contexto, no se debe pasar por alto otro punto de fricción: el actual número de tropas estadounidenses en Irak, que Fallon cree excesivo, en contra del general Petraeus, responsable de las operaciones en el país árabe. Aunque está por debajo de Fallon -que ve más delicada la situación en Afganistán- en la cadena de mando, cuenta con todo el apoyo de Bush, pues no en vano fue su más firme apoyo para vender la necesidad de enviar más soldados a Irak a comienzos del 2007. El reportaje parece escrito para no dejar otra salida más que la renuncia del almirante al propio Bush.

«Si esto pasa, podría significar que el presidente planea atacar Irán antes de que acabe el año y no quieren a un comandante que se ponga en medio», dice el reportaje de la revista Esquire . Una posibilidad que el secretario de Defensa, Robert Gates, calificó como «ridícula». Pero claro, él es uno de los pocos que compartía las opiniones de Fallon y que asegura que sus palabras fueron «malinterpretadas».