El líder anglicano guarda silencio ante la oleada de críticas por sus palabras a favor de la ley islámica

Imanol Allende

INTERNACIONAL

10 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Rowan Williams, arzobispo de Canterbury y líder espiritual de los 77 millones de anglicanos que hay en todo el mundo, hacía frente ayer a nuevas peticiones de dimisión tras sugerir públicamente la introducción de ciertas normas de la ley islámica en el Reino Unido. Williams guardaba ayer silencio. A las críticas de un amplio sector de la Iglesia anglicana que ya pidió el viernes la dimisión de Williams, ayer se unieron las de otros miembros del sínodo general de los anglicanos, entre ellos el obispo Alison Ruoff, quien indicó que «no creo que sea el hombre adecuado para este trabajo». Y agregó: «En lo mejor ha sido políticamente un inepto, en lo peor, un loco». A los obispos se sumaron ayer buen número de medios de comunicación del Reino Unido para pedir la «cabeza» del arzobispo de Canterbury. El rotativo The Sun llegó a imprimir un formulario para que sus lectores lo rellenen y puedan enviar una «queja por conducta errónea» contra Williams, a quien acusa el rotativo sensacionalista de «destruir su credibilidad y dar cuerda a los terroristas islámicos». Un portavoz de Williams indicó que el arzobispo no tiene la intención de realizar ningún comentario hasta mañana, cuando se abra el sínodo de la Iglesia anglicana. Estado de conmoción Sin embargo, amigos cercanos de Williams indicaron que el arzobispo «se encuentra en un estado de conmoción» por la oleada de críticas que han levantado sus palabras. En un oficio que celebró ayer fue recibido por un grupo de unas cuarenta personas a las puertas del recinto religioso, y aunque solo se oyó un grito pidiendo su dimisión, fueron varias las que le dirigieron abucheos. Los únicos que se han mostrado satisfechos con la polémica desatada por el arzobispo son los miembros del Consejo Musulmán del Reino Unido, quienes además de ver sus palabras con buenos ojos, criticaban la campaña «histérica» en contra del líder de los anglicanos, «que solo sirve para llevar a más divisiones a los británicos».