Los socialistas se preguntan por la extraña coincidencia del anuncio de separación y el paro
19 oct 2007 . Actualizado a las 12:13 h.Nicolas Sarkozy quiere pasar cuanto antes la página de del día más negro de sus cinco meses de presidencia. A la crisis social se suma la matrimonial y, con el divorcio ya confirmado, en las calles de París miles de manifestantes compartían con Cécilia su desamor por el presidente francés. «Cécilia con nosotros», corearon.
Con el país prácticamente paralizado por la huelga y Sarkozy camino de Lisboa, el palacio del Elíseo confirmó en un escueto comunicado de 15 palabras la separación de la pareja para aclarar tres horas después que se trata de «un divorcio por consentimiento mutuo». Será efectivo en mes y medio y, según el diario Le Monde , el texto del acuerdo es muy parecido al que Cécilia había encargado en plena campaña electoral. Michèle Cahen, que ha ejercido de abogada de ambos, asegura que todo estaba pactado, incluso que la custodia de Luis, su hijo común de 10 años, sea para la madre.
Extraña coincidencia
Sin comentarios de los protagonistas, la reacción de sus amigos era básicamente de tristeza. Los políticos de la derecha no opinan sobre la vida privada de su líder. «Podemos constatar que tenemos, efectivamente, un presidente de ruptura», ironizó el portavoz de los verdes Yan Wehrling. Los socialistas se preguntan por la extraña coincidencia de la confirmación del divorcio y la movilización en protesta por la reforma de los regímenes especiales de la seguridad social. Arnaud de Montebourg denunció incluso «la utilización de la vida privada para distraer la atención» de los medios de comunicación sobre las repercusiones de la huelga.
El seguimiento de la convocatoria fue masivo en el transporte público. La compañía de ferrocarriles (SNCF) no pudo garantizar los servicios mínimos y solo circularon un 5% de los trenes. En París solo circularon un 10% de los autobuses y solo la línea 14 del metro, que funciona sin conductor, prestó servicio con normalidad. Los atascos no fueron, sin embargo, mucho mayores que un día habitual: los ciudadanos saben organizarse en estas ocasiones con el apoyo de bicicletas, patines y coches compartidos. Muchos decidieron coger el día libre.
El seguimiento en el resto de empresas públicas osciló entre el 40 y el 60% de los trabajadores. No hubo repercusiones en el tráfico aéreo. Hoy las cosas pueden ser más complicadas, porque la mayoría de los sindicatos han decidido prorrogar un día más la movilización, decididos a mantener el pulso a Sarkozy y a su primer ministro, François Fillon.
El Gobierno se dice dispuesto al diálogo, pero también determinado a equiparar los 37 años de cotización de determinados empleados públicos a los 40 del sector privado. El ministro de Trabajo, Xavier Bertrand, dejó claro que la reforma es imprescindible para garantizar las pensiones y que «la huelga no impide el diálogo».
La policía calcula que 150.000 personas participaron en la convocatoria frente a las 300.000 que apuntan los sindicatos.
En París, estudiantes y profesores se sumaron a la manifestación en protesta por la ley de autonomía de las universidades y la supresión de puestos docentes.