Paciencia, contundencia y liderato

Marcos Pichel LUGO/LA VOZ.

CDLUGO

El Lugo asciende a la cima tras doblegar, con dos goles en la segunda parte, a un Universidad ultraconservador

17 dic 2010 . Actualizado a las 02:55 h.

El Lugo ya es líder. Fiel a su estilo, a esa paciencia de la que hace gala al mover el balón, con ese trabajo de hormigas desde el portero hasta el delantero, el equipo ya es primero. Costó más de la cuenta, porque el Universidad de Las Palmas no quiso más que destruir. Pero tras la espera surgió su otra virtud: la contundencia de sus hombres para certificar el triunfo, el séptimo en casa. Nueve partidos llevan ya sin perder.

Cuando mantener un empate a cero al descanso se convierte en una victoria, una de dos, o se le tiene un gran respeto al rival, o directamente se le teme. Y por la forma de perder tiempo, por la espera atrás, por las escasas ganas de aventuras en terreno contrario, el Universidad de Las Palmas mostraba su recelo.

Lo cierto es que las expectativas estaban por todo lo alto. Los antecedentes del Lugo lo permitían. Y la afición aguardaba para ver en la gélida noche del Ángel Carro una exhibición como la del último partido de los rojiblancos. La ovación inicial, los primeros minutos de encuentro, resultaban prometedores. Incluso parecía que el Uni, que sólo conseguía correr detrás de la maraña de toques continuos de los rojiblancos, se presentaba como un convidado perfecto para repetir el último baile.

Porque el Lugo hace lo que sabe. Y en su ideario, el mover el cuero sin fin, el no rifarlo bajo ninguna circunstancia, ocupa el primer lugar. Claro que una vez asentado su rival, quedó confirmado que los espacios no iban a abundar. Que Marcos y Pita iban a gozar del privilegio de la propiedad del balón, pero con dificultad para mirar hacia adelante. En cuanto el Uni se asentó, los huecos comenzaron a escasear. La vigilancia a las dos referencias ofensivas lucenses, Azkorra y Yago, los convertía en algo semejante a islas. Por si no quedaba claro a quién debían parar, Yago recibió la práctica totalidad de las patadas rivales en el primer tiempo.

Pero si algo tiene el equipo de Setién es su incansable trabajo. Si hay que echar el balón atrás y volver, no hay problema para empezar de cero. Así se genera desgaste en un rival que esperaba, sí, pero también debía correr tras la pelota, en un ejercicio gimnástico que tarde o temprano debería pagarse.

Seguirían a lo suyo los rojiblancos, sin inmutarse. Sin prisa para alcanzar un gol que les diera el liderato. Los canarios caerían de maduros. El cansancio haría mella en los visitantes en la segunda parte.

La termita rojiblanca

La termita rojiblanca siguió horadando, ejemplificada en un Marcos ubicuo. Y si en la primera mitad apenas hubo un par de remates claros para los locales, a la vuelta del descanso avisaron con contundencia. Dos fallos bajo la portería se convertirían el preludio de lo que iba a llegar. Aunque el resultado se iba a quedar corto.

En el 1-0, Azkorra se retrasó para inventarse una pared con Pita, que se la dejó a Iván para que la estampara en la red. El extremo diestro volvería a demostrar que lo suyo es marcar a pares. Él cerraría el partido, en el descuento, al culminar una contra de Arroyo y firmar el 2-0 definitivo. Y el liderato.