Unos días hay más, otros menos, pero la presencia de personas de todas las edades que practican la mendicidad es constante en la capital lucense.
Algunas puertas de la Muralla, tres o cuatro cruces de calles en el casco histórico, las puertas de la catedral y los accesos a algunos supermercados son los lugares preferidos por quienes, por una u otra causa, se ven obligados a practicar la mendicidad. El Partido Popular denuncia que el Concello se rige, en este campo, por un bando emitido en 1955 por el alcalde Luis Ameijide.
Por distintos motivos, hay temporadas que en las calles de la capital hay numerosas personas que practican la mendicidad; en otras, el número se reduce considerablemente y sólo se mantienen los que llevan años pidiendo, casi a diario, en los mismos sitios.
Los mendigos no son habitualmente molestados por la autoridad municipal, salvo que promuevan altercados.
El concejal popular Enrique Rozas señala que el Ayuntamiento de Lugo se rige, en materia de mendicidad callejera, por un bando del año 1955. En las disposiciones, fechadas el 27 de abril del citado año, se indica: «Conocido es que la mendicidad, particularmente en su manifestación de profesionalismo, constituye una lamentable manifestación que nada dice en pro de los pueblos».
Instituciones
Constata el Concello en el año reseñado: «Las instituciones oficiales y religiosas de carácter asistencial que existen en la ciudad, nos permiten aseverar que tienen capacidad suficiente para absorber el contingente de necesitados de la misma; y los organismos encargados de canalizar la corriente de menesterosos a sus centros de asistencia, así como los particulares que, dando muestras de especial humanitarismo y religiosa caridad, atienden a estos fines se hallan siempre dispuestos a la recogida de los indigentes, atendiéndolos no sólo en el orden alimenticio sino también en el higiénico-sanitario».
Resistentes
En el mismo bando del Ayuntamiento se indica: «No obstante queda un núcleo de pedigüeños profesionales, que asiduamente se estacionan ante las iglesias, cines, etcétera, lugares que consideran los más propicios para sus fines, ofreciendo el espectáculo de su presencia a la contemplación de las gentes para moverlas a la compasión y a la limosna».