La memoria de los que se fueron

X. M. R.

OURENSE

En 1988 O Carballiño proponía crear la Casa do Emigrante en un viejo edificio para centralizar todos los materiales y organizar actividades relacionadas con la diáspora.

16 sep 2009 . Actualizado a las 12:54 h.

Luchar por crear infraestructuras, entidades o servicios de carácter autonómico fuera del restringido círculo de las principales ciudades de Galicia es una tarea casi imposible. Aunque dicha realidad es clamorosa y claramente discriminatoria, siempre hay propuestas que desafían la tiranía del poder establecido. Casi siempre para acabar perdiendo la batalla. El alcalde de O Carballiño, respaldado por la unanimidad de la corporación municipal, proponía en 1988 crear en la villa la Casa do Emigrante. La iniciativa de Argimiro Marnotes pasaba por albergar dicha entidad en un edificio abandonado, oficialmente el Souto das Táboas -popularmente el Chalé do Col en referencia al emigrante que lo había mandado construir-, cuya piedra había sido donada por su propietario al Concello.

Centralizar las actividades

El objetivo era hacer de la Casa do Emigrante el nexo de unión de Galicia con la realidad y la historia de la diáspora, teniendo además como sede un edificio singular creado por un emigrante gallego en Cuba, y centralizar en él todos los materiales relacionados con la emigración, canalizar desde allí la comunicación y las actividades destinadas a los emigrantes, la organización de los cursos o las iniciativas culturales que se empezaban a desarrollar en la diáspora, contar con una biblioteca especializada y fomentar la investigación en temas relacionados con el movimiento migratorio gallego, entre otros cometidos. La propuesta de Marnotes fue respaldada por el pleno de la Federación Mundial de Sociedades Galegas y más de un centenar de centros mandaron su adhesión al proyecto. La Casa do Emigrante no se creó, aunque desde entonces se han gestado iniciativas en ese mismo camino y hay un departamento de Emigración en la Xunta.