Conocida como la Enmienda Helms y aprobada en 1987, Estados Unidos ha sido durante la última década el único país industrializado en prohibir la entrada en su territorio a los los infectados con VIH. El dato es casi inconcebible, pero desde hace más de dos décadas ningún congreso para la investigación del sida ha sido celebrado en EE.?UU. La razón no es otra que la ley que prohibía a los infectados con el VIH viajar al territorio estadounidense.
Una demora que conseguía encender los ánimos de muchos activistas, quienes aseguran que la lentitud del Congreso habría costado la vida a millones de personas a quienes el miedo a ser deportados habría alejado de los hospitales. «Para serte sincero nunca podremos saber el número exacto de vidas que se han perdido por culpa de esta terrible ley». Lo dice David Ellis, de la San Francisco AIDS Foundation y responsable de comunicación de la organización, Ellis es uno de los miles de activistas que durante los últimos años han luchado por la derogación de una ley «que era absurda ya que la mayoría de los emigrantes no traen la enfermedad sino que se contagian aquí».
Contra los gais
El origen de la Enmienda Helms hay que buscarlo en su principal promotor, el senador Jesse Helms. Convertido en el más duro crítico contra la enfermedad, este senador, quien en varias ocasiones aseguró que «no existe ningún caso de esta enfermedad que no provenga de la sodomía», era por aquel entonces uno de los aliados fuertes de George H. Bush quien aquellos días ejercía de vicepresidente. Cómplices de la ignorancia de la época así como las recomendaciones realizadas por el Centro de Enfermedades Infecciosas (CDC) del país, quien ese mismo año había incluido el VIH en la lista de enfermedades de alto riesgo, ambos representantes consiguieron convencer a los congresistas para aprobar una legislación cuya vigencia duraría más de dos décadas. Una longevidad difícil de explicar a partir de 1991 cuando, tras descubrirse las vías de contagio, el propio CDC decidía excluir el virus de las enfermedades fácilmente transmisibles. Sin embargo, la presión de Helms a Bush padre consiguió mantener inmovilizada la propuesta de derogación, lo que convirtió a EE.?UU. en el único país industrializado en negar la entrada a su territorio a personas infectadas con el VIH.
Tras la decisión de la semana pasada del Congreso queda ahora por determinar cuál será la decisión del Departamento de Salud de un país en que ningún varón homosexual puede donar su sangre por miedo al sida.