Realmente la exitosa La noria, que Telecinco vende como formato de actualidad y debate, se ajusta a los cuestionables parámetros de la cadena cuyo padrone es el mismísimo Berlusconi, aunque del empresario y político italiano, de sus velinas, chanchullos y dimes y diretes, nunca tratarán ni Jordi González ni sus peculiares contertulios a dos bandas (los de derechas a un lado y los de izquierdas al otro?), por mucho pestazo que desprenda.
Lo de ese programa es amarillismo equilibrado, simulado bajo una pátina de progresismo light que les hace aparecer como el no va más ante una audiencia tan despistada como un pulpo en un garaje? La reciente polémica de González al responder a una espectadora en su Twitter con un categórico «telebasura tu puta madre», más allá de su simpleza pedestre, remueve las aguas para restituir el lodo al fondo.
El tema venía a cuento de una salida de pata de banco por parte de un maleducado de Intereconomía, pero eso tampoco justifica el exabrupto. Jordi González, barcelonés, 49 años, con más callo televisivo que cicatrices un piquero del Tercio de Flandes, se debe a quien le paga, por eso algunos le reprochan sus conveniencias y sus connivencias. Así a todo, es ser catódico de primer orden, ligado a fuego a la televisión de la pasada década. Pese a La noria, para lo bueno (su versatilidad) y para lo malo (escorado hacia esa telebasura que tanto parece incomodarle).